Cementerio

Hola amigos.

Relatos La Hora Del Miedo. 

Titulo: Cementerio.

 

CEMENTERIO

 

Era domingo y Juan se disponía a ir al cementerio como solía hacer cada domingo desde hacía diez años. No faltaba ni un solo día, para ir a recordar a su esposa e hija que murieron en un terrible accidente de tráfico en el cual el logró salvarse.

 

Llegó al cementerio, se encontraba abierto al público. No había ni un alma, sólo el sepulturero que trabajaba en los nichos nuevos del lugar. Juan se acercó a las tumbas de sus dos tesoros y les colocó las flores que había comprado. Siempre se ponía hablar con ellas y les pedía perdón por aquel día. Juan se echaba la culpa por la muerte de ellas, aunque en realidad fue otro conductor quien provocó el accidente. Aún así él pensaba que podía haber hecho más por ellas.

 

Juan escuchó un gran golpe que venía de lejos. Se asomó donde había visto al sepulturero, pero no lo vio. Decidió acercarse y lo vio allí postrado dentro de una tumba. Se acercó a él para preguntarle si estaba bien y qué le había pasado. Él lo miró y le dijo:

 

-  Estoy bien, tranquilo. Me dio un leve  mareo y caí.

 

Juan le ayudó a salir y se ofreció a llevarlo al médico, pero él dijo que no era necesario.

 

Juan se fue hacia la tumba de su hija y su esposa, pero mientras se dirigía hacia ellas empezó a sentir algo detrás de él, como si alguien estuviera escondido entre las tumbas y lo vigilara. Miró a su alrededor, pero no había nadie; solo aquel hombre que seguía con su trabajo.

 

Cuando ya estaba a punto de llegar vio allí al lado de las tumbas de su familia a una mujer mayor, estaba de rodillas rezando. Él se extrañó, no sabía quién podía ser aquella mujer. Le puso la mano sobre el hombro y le preguntó quién era y por qué estaba allí en aquellas tumbas. La mujer no le prestó atención. Volvió a preguntarle, y la mujer se giró y clavó su mirada hacia él. Aquella mujer tenía el rostro esquelético, ojos negros y la boca la tenía llena de tierra. Sus dientes estaban ensangrentados. En ese momento intentó coger a Juan para morderle, pero él logró apartarse rápidamente. Salió de allí corriendo lleno de terror e incredulidad. Corría por aquel cementerio, mientras a su paso iban cayendo las lápidas. En ese momento Juan vio al sepulturero que se dirigía hacia él y le pidió que le ayudara. En ese instante aquel hombre tenía el mismo rostro que la mujer. Juan no sabía qué hacer. Prosiguió su camino corriendo y se metió por un pasillo estrecho con nichos a ambos lados. Se dejó caer en uno para descansar y de pronto de entre ellos salieron unas manos que intentaron atraparlo. Juan cogió un jarrón y de un fuerte golpe consiguió escapar. Siguió buscando la salida del cementerio. Echando la vista atrás se dio cuenta que le estaban persiguiendo decenas de muertos. El miedo hizo que sus piernas le temblaran,pero debía salir... Al final consiguió encontrar la salida de aquel pasillo y justo delante de él vio a su mujer y a su hija. En ese instante Juan cayó desplomado al suelo. No daba crédito a todo lo que le estaba pasando. Intentó levantarse para seguir corriendo, pero una pequeña mano sujetaba su pierna. Eran las manos putrefactas de su hija. Juan no podía soltarse… De pronto su mujer se abalanzó sobre él mordiéndole, hasta acabar con su vida.

 

Desde aquel día Juan formó a ser parte de ellos

 

 ¡Es un muerto viviente!!

 

Paco Granados

NIÑA RARA

NIÑA rara

 

 

“NIÑA RARA”

 

Niña rara, sí. Así llamaban a María.

Todo empezó cuando ella era precisamente eso, una niña. Una niña como otra cualquiera que le gustaba jugar con sus muñecas, sus juegos de concina, sus amigas… Pero María tenía un amigo algo especial para ella, un amigo que solo veía ella. María hablaba con él, jugaba juntos y hasta de vez en cuando tenían discusiones, cosa que no le gustaba a sus amigas y por ello le daban de lado. Eso a María no le importaba ya que ella jugaba con Agustín su amigo imaginario. Ese amigo que todos o casi todos hemos tenido de pequeños, ese amigo que suele aparecer cuando somos unos bebes y el cual luego desaparece, no acordándonos JAMÁS de él.

 

Los padres de María observaban que se pasaba horas y horas hablando y jugando sola. Le preguntaban y ella contestaba diciendo que jugaba con su amigo Agustín. La madre pensó que lo mejor sería hablar con un psicólogo infantil para comentarle lo que pasaba, pero este le comentó que no se preocupara, porque eso venía siendo normal a esas edades. Lo mejor sería que la dejara a su aire y con el tiempo se le iría de la cabeza. 

 

María siempre le decía a su madre que pusiera otro plato en la mesa y una silla para su amigo. Cuando salían al parque también le tenía que preparar la merienda a Agustín, cosa que a la madre no le hacía mucha gracia. La pequeña ya iba a cumplir los cinco años y pronto se le olvidaría todo. Una noche los padres escucharon un fuerte golpe en la habitación de María. Rápidamente subieron a la habitación y vieron que la estantería del cuarto se encontraba en el suelo y ella lloraba en su cama.

 

- ¿Qué te pasa María?

- Es que Agustín se ha disgustado porque quería jugar y yo no tenía ganas. 

 

Agustín al irse enfadado tiró la repisa al suelo. 

 

Los padres se miraron e intentaron tranquilizar a la niña. Al final María acabó durmiéndose. Los padres se dirigieron  al salón y comentaron que se encontraban un poco agobiados de la imaginación de María.

 

Habían pasado dos años y María había dejado de ver a Agustín, pero ella seguía hablando sola. La madre la solía castigar por ello y le decía que dejara todo eso  y se dedicara a jugar con sus amigas. María lloraba angustiada y le decía a su madre que ella hablaba realmente con personas. 

Sus amigas del colegio la llamaban “niña rara” y no querían jugar con ella. 

 

Pasaban los días y María seguía hablando sola a pesar de los castigos de su madre. Una de las veces  María le dijo a su madre que había visto a su abuela y que le había comentado que quería mucho a su madre y que se lo hiciera saber. A su madre no le  resultó raro, ya que su abuela iba todos los días a ver a su nieta, pero a los diez minutos tuvo una llamada de su hermana diciendo que la abuela había muerto, María le dijo a su madre que no llorara que ella estaba bien. Su madre se quedo sin saber que decirle a su hija. 

 

Tres días más tarde la madre de María la vio en el patio hablando  otra vez sola. Cuando la niña entró en la casa le preguntó con quién hablaba, ella  le dijo que con el hijo de los vecinos… A los diez minutos vio como la vecina  salía de su casa llorando desesperadamente porque su hijo había fallecido y exclamando “NO, MI HIJO NO”. 

 

A María la seguían viendo hablando sola los vecinos y amigos, y comenzaron a llamarle también “NIÑA RARA”

María se hizo mayor, ya contaba con veinte años y estudiaba en la universidad. Aún seguían llamándola “NIÑA RARA”. Su don era cada vez más fuerte y todos los días veía a almas perdidas que pedían ayuda o simplemente almas que querían que diera un mensaje a sus familiares, cosa que a María le gustaba hacer, pues se sentía bien pudiendo ayudarlas. Mucha gente no la creía y se burlaban de ella o simplemente se metían con ella llamándola loca. Eso a María no le importaba, pues ella sabía bien lo que veía y que era totalmente real. 

 

También quería ayudar a los vivos, pues sabía que podrían así ser más felices. Decidió aprender el arte del tarot. María también podía ver el aura de las personas y saber cómo eran en realidad. Desde pequeña pudo ayudar a mucha gente y hoy en día sigue haciéndolo.

 

María tiene ya más de cuarenta años y la gente que no la cree la sigue llamando por aquel mote que siempre la persiguió en su infancia “NIÑA RARA”. Aún así los que la creen la respetan y se dirigen a ella como un “ANGEL”. Precisamente a mí me ayudó. Sí, a mí. Yo me sentía perdido sin saber qué hacer y sin saber dónde estaba y ella me ayudó a encontrar el camino. SÍ, YO SOY, Agustín.

                                                                               Paco granados

Hermanos

 

 

HERMANOS

 

Sonia y Mario andaban entusiasmados preparando su boda. Entre saber cuántos invitados iba a haber, reservar el día para la ceremonia, el salón donde se celebraría el banquete…  Todo era un ajetreo y solamente les quedaba una semana para el enlace. Estaban tan apurados que pensaban que no les iba a dar tiempo a prepararlo todo. La madre de Sonia los tranquilizaba y les decía que estaría todo bien para ese día, y que procuraran no preocuparse, pues poco a poco podrían con todo.

 

Ya llegó el día, y Sonia y su madre comentaban que rápido pasaba el tiempo. Sonia notó a su madre algo triste y le preguntó que si era porque ella se casaba. Ella le respondió que era bueno que hiciera su vida. Lo que pasaba es que en esos momentos echaba de menos a su hijo Iván era el hermano de Sonia un niño de cinco años, alegre, simpático y con mucha vida por delante, pero que una tarde de verano su vida se truncó, un coche lo atropelló y le causó la muerte, dejando a toda la familia destrozada.

 María, la madre exclamó… Él nos mira desde el cielo y no quiere vernos tristes. Mañana es tú gran día Sonia y tenemos que disfrutar.

 

Decidieron irse a descansar ya mañana sería un día largo y lleno de emociones. Sonia no podía conciliar el sueño, estaba nerviosa. Por fin le llegó el sueño, entorno a las tres de la mañana sintió como algo o alguien se sentaba en su cama, rápidamente encendió la luz y no había nadie. Volvió a intentar dormir, pero de pronto notó como alguien le acariciaba la mano muy suavemente. Sonia se quedó inmóvil, pero no tenía sensación de miedo. Sintió como si alguien le diera un beso en la mejilla y a su vez notó una ligera brisa fría. Sonia no creía lo que había sentido, no pudo entenderlo. Cuando consiguió reaccionar salió corriendo hacia el dormitorio de su madre. Para su sorpresa se encontró a su madre sentada en la cama llorando y abrazada a una foto de Iván. Ha estado aquí Sonia, tú hermano ha estado aquí y me ha dicho que nos quiere mucho y que seamos felices. Es verdad yo también lo sentí. Madre e hija se abrazaron  llorando mientras volvían a sentir otra vez aquella brisa fría. Se giraron y miraron hacia la puerta, ahí estaba Iván mirándolas, mientras les lanzaba un beso sonreía y desaparecia entre la nada.

                                                                                                                            Paco granados

Hola amigos. Vuelve Relatos La Hora Del Miedo.

 

HECATOMBE 

 

Año 2060, la Tierra está inmersa en una guerra nuclear debido a la soberbia de los poderosos. Todo es un caos y empiezan a escasear los víveres y la comida, la gente está desesperada.

En medio de esta situación se hallaba Brad. Era un hombre de unos cuarenta años que vivía con su hijo Tom de diez al que quería con locura, sólo se tenían el uno al otro ya que Mary, esposa de Brad, murió al dar a luz a Tom.

 

 Brad estaba pasando un mal momento ya que los médicos le habían diagnosticado una enfermedad  terminal y le quedaban como máximo dos años de vida.  Toda su preocupación era su hijo y el pensar que se podía quedar sólo. Al observar cómo todos los días Tom se quedaba mirando fijamente un cuadro que había colgado en el salón, en el que  se dibujaba un barco en alta mar, Brad le preguntó a su hijo: 

 

- Tom, ¿no te cansas de mirar ese cuadro?

- No papá, me gusta mucho.

- ¿Y eso por qué hijo? Es un simple cuadro.

- Es el mar papá me gusta, ¿tú crees que algún día podré verlo de verdad?

 

Brad miro a su hijo y le dijo: 

 

- Sí,  algún día lo verás Tom, te lo prometo.

 

Caía la noche y como siempre Tom rezaba pidiendo por su madre antes de irse a dormir y le lanzaba dos besos al cielo diciendo:

 

- ¡espero que te llegue mamá! 

 

 Detrás de la puerta su padre lo escuchaba y no podía contener las lágrimas. Lo arropó, lo besó y se fue a su dormitorio a descansar. De pronto escuchó disparos y estallidos de bombas muy cerca de su casa, corriendo subió por su hijo, lo despertó y le dijo que se tenían que ir de allí, que cogiera algo de ropa y bajara corriendo. Tom le preguntó:

 

- ¿dónde vamos papá? 

-A que conozcas el mar cariño, le dijo a su hijo para aliviar su temor.

 

Metió al niño en el coche y poniéndose al volante salió de allí a toda prisa. El caos en la calle era total, la gente corría y gritaba, aquello era el mismo infierno, una auténtica hecatombe.

 

Brad y Tom estaban cada vez mas lejos de su pueblo, conducía sin rumbo fijo y sin más destino que el lugar al que le llevase la carretera. Conforme avanzaban la situación en el exterior iba pareciendo más tranquila. Brad le contaba a su hijo que lo llevaría a un sitio maravilloso donde podría ver y tocar el mar; Tom lo miró y le sonrió dándole un fuerte abrazo y un gran beso diciéndole: 

 

-¡gracias, gracias papá! 

 

Brad no pudo contener las lágrimas al ver la emoción en la cara de su hijo y al pensar qué sería de él cuando se quedase sólo.

Vio un cartel indicando que cerca había una gasolinera y decidió parar allí a ver si tenían suerte, encontrar algo de comida y de paso llenar el depósito del coche. Se detuvo, repostó, y cuando se disponía a entrar en el establecimiento se percató de que había una mujer en el suelo entre las estanterías: estaba atada de pies y manos, en la boca tenía un trapo que le impedía gritar, él se agachó y se acerco a la mujer, la desató y al destaparle la boca ella le dijo:

 

- ¡Sáqueme de aquí por favor, están todos locos!

 

Brad escuchó gritos que provenían de un pequeño cuarto, se asomó y lo que vio le estremeció: Un hombre, tendido en el suelo, estaba siendo devorado por otros dos.

Brad, horrorizado, cogió a la chica y se la llevó hacia el coche, dónde  otro de aquellos hombres intentaba atrapar a su hijo. En ese mismo instante y movido por una rabia incontenible se abalanzó sobre aquel tipo y con todas sus fuerzas le golpeó una y otra vez, diciéndole a la chica que se subiera rápidamente en el coche. Aquel caníbal se revolvió contra Brad y empezó a pegarle fuertemente pero este, como pudo, se las arregló para hacerse con la manguera del surtidor y se la enrolló alrededor del cuello apretándola con todas sus fuerzas, hasta que lo dejó sin vida. Subió al coche, salió a toda velocidad y, cuando estaban lo bastante lejos de allí, le preguntó a la chica:

 

 -Pero, ¿qué son esos seres?

 

Ella le contestó:

 

- Mira, llevamos mucho tiempo sin comida, esta situación se prolonga y, es tan desesperada, que ha hecho que algunos pierdan la cabeza y se hayan convertido en caníbales.

 

Brad no se podía creer todo aquello, no daba crédito a las palabras de la chica a pesar de haberlo visto con sus propios ojos cuando de pronto, por la radio, dieron una noticia esperanzadora: Comentaban que la guerra estaba siendo devastadora y cientos de miles de personas habían muerto, pero alertaban a los supervivientes y les comunicaban que podían dirigirse a Costa Esperanza, que era una zona controlada y fuera de peligro.

Brad cogió un mapa de carretera que tenía en la guantera, buscó sobre él donde se encontraba exactamente esa ciudad y, una vez la hubo localizado puso rumbo hacia ella.

Antes de hacerlo, decidió parar un rato para estirar un poco las piernas ya que aún quedaba un buen tramo. Observó como Tom y aquella mujer habían conectado muy bien a pesar del poco tiempo que hacía que se habían conocido.

 

La chica bajó también del coche y se acercó a Brad. Le preguntó por la madre del niño, y éste le contó toda su historia, diciéndole también lo de su enfermedad. Anna, que así se llamaba la mujer, le dijo que le entendía muy bien ya que ella perdió a su marido y a su hijo en un accidente de tráfico.

 

Brad llamó al chico, que había decidido salir del vehículo al igual que ellos, explicándole que tenían que seguir su camino. Tom obedeció rápidamente pero pidió a su padre que Anna subiera con él a la parte de atrás. Anna y Brad se miraron y con un gesto ella asintió diciendo que estaría encantada. Al poco tiempo de reanudar la marcha, el niño dormía plácidamente sobre el regazo de Anna y abrazado a ella. Brad sonrió viendo la escena a través del espejo retrovisor.

 

Después de dos horas desde la última parada empezaron a ver las señales de la costa. Estaban entrando en la cuidad, el ejercito controlaba y dirigía el trafico que era intenso. En ese instante Brad sintió un fuerte dolor en el estómago e intentó disimular para que su hijo no se diera cuenta, giró el coche y sin hacer caso a las indicaciones de los militares  se desvió de aquel camino. Anna, extrañada, le preguntó que a dónde iba, a lo que él contesto:

 

- “A cumplir el sueño de mi hijo”.

 

Y tomando rumbo a la playa abrió las ventanillas del coche para que fuera penetrando el olor de la brisa del mar.

Tom sonreía y exclamaba: 

 

-¡qué bien huele papá!

 

El padre detuvo el coche, bajaron y tomando la mano de su hijo lo condujo cerca de la orilla y le mostró el mar. El pequeño, asombrado y estupefacto, lloraba de la emoción y repetía una y otra vez:

 

- Es muy grande papá, muy grande!

-¡Vamos, vamos a tocarlo!

 

Brad le pidió a Anna que lo acompañara ella hasta la orilla, los dos corrían y jugaban mientras llegaban al mar, él los miraba y sonreía, pero el dolor era cada vez más fuerte.

Se sentó en la arena miró hacia un lado y ahí estaba Mary, su esposa. Ella lo miró, le acarició la cara y le dijo susurrando:

 

 - No te preocupes, será feliz junto a Anna, ahora tienes que venirte conmigo cielo.

 

Brad dio su último aliento de vida viendo a su hijo feliz junto a Anna y el mar.

 

Pasaron los años, la guerra sólo era un mal recuerdo. Anna y Tom fueron muy felices los dos juntos, pero aún a pesar de haber pasado el tiempo, quince años después, Tom continúa rezando todas las noches y lanzando besos hacia el cielo para sus padres.

 

Paco granados

Triste despertar de una agonía, agonía de un triste despertar...

 

Tal vez mí mirada ya no se clavara en tus ojos, esos ojos azules que se fijaron en los mios.

Tal vez fuere mí imaginación, tal vez esos ojos azules jamás existieron...

 

Nadie sabe de ti, nadie te recuerda, solamente yo.

 

Tal vez fuiste un sueño o tal vez Angel... O quizás fuiste un demonio.

 

Triste despertar de una agonía, agonía de un triste despertar...

 

 

 

Paco Granados.

Hospital

 

 

HOSPITAL 

 

Era tarde y debía de hacer todo con más rapidez de lo habitual. Hoy tengo cita con el especialista en el hospital y ya sabéis lo que pasa, lo de siempre si te retrasas un poquito se te pasa la vez…  Y por el contrario si llegas temprano la mayoría de las veces van con retraso. Así que prefiero estar pronto para evitar quedarme el último y tener que pasar allí toda la mañana.

 

Acabo de llegar, hay bastante gente y se concentra un calor insoportable. Como venía siendo habitual la instalación del aire no funcionaba. Me dejé caer en la pared ya que los asientos estaban todos ocupados. De pronto entre todo ese barullo de gente escuché un grito fuerte y estremecedor; me asusté y di un gran salto. No me esperaba aquello. Un señor se acercó hacia mí, pues le debió asombrar el semblante que se me quedó. 

 

- “¿Se encuentra bien?”

- “Sii, muchas gracias, estoy bien. Me sorprendí porque no me esperaba aquellos gritos”

- “¡Grito! ¿Qué grito?”

- “¿Usted no lo escuchó?”

- “En absoluto, yo no escuché nada”

 

El hombre se marchó y yo me quedé un poco extrañado, aún así se me pasó por la cabeza que estuviera mal de los oídos, pues era imposible que no lo hubiese oído. Los gritos fueron ensordecedores. A mí alrededor la gente estaba tranquila, nadie se había sobresaltado.

 

- ¡Qué raro es todo esto! mejor voy a tomar el aire un poco.

 

 Me dirigí a la calle por aquel inmenso pasillo. Una brisa muy agradable había en el exterior y me apetecía disfrutar un rato. Dentro hacia un calor insoportable. Un hombre se acerca a mí con unos andares muy pausados. Parece que le cuesta trabajo andar, tiene mal semblante. Casi a mi altura se queda mirándome.

 

- “Pronto vendrás con nosotros”

 

Impactado, no supe articular palabra alguna. Ese hombre no lo había visto en mi vida… Probablemente me habría confundido con algún conocido suyo. Me dirigí hacia el interior, a ver si ya me tocaba entrar. Recorriendo aquel largo pasillo me encontré a una familia llorando. Saliendo de una de las consultas vi salir a un médico con una camilla y un cuerpo sobre ella. Me acerqué para darle el pésame a la familia, aunque no los conocía de nada. Al mirarla…

 

- “Pero Dios mío, si era el mismo hombre que vi en la puerta…”

 

Alrededor de él había varios familiares… De dónde había salido ese hombre si iba solo… Me dirigí a la consulta. Cada vez queda menos para que entre. Decidí sentarme, al lado se encontraba un señor. De nuevo otra vez vuelvo a escuchar aquellas palabras...

 

- “Pronto vendrás con nosotros”

 

Me giré y miré al señor que tenía a mí lado. No daba crédito... Me quedé inmóvil sin poder articular palabra… Todo mi cuerpo temblaba. Aquel señor era el que estaba en la camilla muerto… 

 

- “No puede ser, ese hombre lo acabo de ver en una camilla y estaba muerto. ¿Qué me está pasando?”

 

Un médico que pasaba por allí salió corriendo para ver como me encontraba. Ya que me puse demasiado nervioso.

 

- “¿Se encuentra bien?

 

Ya más calmado le comenté al médico que aquel señor estaba muerto.

 

- “¿Qué señor?”

- “El Señor que está aquí a mi lado”

- “Pero si aquí no se encuentra nadie señor”

 

Yo había entrado en un ataque de pánico, y  no entendía lo qué pasaba… Todo esto es un tanto extraño. Quise escapar de allí. Mientras iba corriendo por aquel inmenso pasillo, aparecían personas de la nada que decían.

 

- “Pronto vendrás con nosotros”

- “Tengo que salir de aquí”

 

Me encontraba a punto de cruzar la puerta de salida y un fuerte dolor de cabeza ha hecho que me pare en seco. Es insoportable y cada vez duele más. Caigo al suelo de un plumazo. De pronto todo el dolor se desvaneció, ya no siento nada. En ese momento allí estaban todas esas personas. Una de ellas se acercó a mí. Intenté seguir corriendo, 

 

- “No sigas, ya eres de los nuestros”

 

Yo haciendo caso omiso me volví para poder irme de aquel lugar. Al bajar la vista al suelo vi que mí cuerpo estaba postrado en el suelo, rodeado de médicos. Pude verme a mí mismo.

 

- “No entiendo nada”

 

Mientras se acercaban a mí decían todos al unísono.

 

- “Ven con nosotros, nunca más podrás salir de aquí”

                                                                                          Paco granados

Madre Magdalena

Buenas madrugadas amigos.

Hoy en Relatos La Hora Del Miedo. 

 

MADRE MAGDALENA

 

Marta y María eran dos limpiadoras de un Centro escolar de religiosas  que había en el pueblo. La escuela estaba ubicada en un antiguo castillo de la edad media. Probablemente aquel castillo guardaba en su interior miles de historias. Se disponían a dar su jornada de trabajo. Era un martes 10 de abril del año 2000. Marta y María no olvidarán jamás ese día. La tarde transcurría normal, como cualquier otra. Habían terminado de limpiar la iglesia y los pasillos del colegio; solo les quedaba una clase por limpiar. Entraron en la clase y se encontraron a una monja sentada en unos de los pupitres, parecía estar  rezando. Al verla allí postrada se asustaron, pues no la esperaban. María se acercó a la monja…

 

- “¿Qué hace usted aquí madre?” 

 

- “Hola hija, salí a caminar por la galería y entré a descansar un rato”

 

- “Pero usted no pertenece a este convento, pues no recuerdo haberla visto…”

 

- “No hija, vine solamente para unos días a visitar a la madre superiora, pero aún no pude verla”

 

- “La madre superiora viene mañana, pues está de viaje”

 

- “¡Gracias! ¿podríais hacerme un favor?”

 

- “¡Por supuesto! Cuéntenos madre…”

 

- “Mirad, es que me hacía mucha ilusión entregarle esto a la madre superiora y al marchar mañana temprano no podré verla. ¿Podrías dárselo vosotras?”

 

- “No se preocupe, nosotras se lo entregaremos sin falta” 

 

La religiosa se quitó la cruz que llevaba colgada en el cuello y se la entregó a Marta y María.

 

- “Y de parte de quién le decimos que viene…”

 

- “Ella sabe quien soy. En cuanto le déis la cruz y la vea se dará cuenta”

 

- “La Madre se despidió de ellas y salió por la puerta desapareciendo por el fondo de aquel largo pasillo”

 

Al día siguien Marta y María fueron a ver a la madre superiora para hacerle  entrega de la cruz. Ésta se encontraba en su despacho trabajando. 

 

- “Buenas tardes madre ¿Cómo se encuentra?”

 

- “¿Qué tal hijas?¿qué os trae por aquí?

 

- “Veníamos a hacerle entrega de esta cruz. Ayer nos lo entregó una religiosa que decía conocerla”

 

- “Para mí…  A ver”

 

La madre superiora al ver la cruz se quedó con cara de incredulidad…

 

- “Pero, imagino que es una broma...”

 

- “No, madre ¿por qué iba a serlo?”

 

- “¿Quién os la dió?”

 

La religiosa se empezó a enfurecer, pues no entendía nada…

 

- “Ya se lo dijimos… Fue una religiosa que decía conocerla”

 

- ¿Qué aspecto tenía?

 

Marta y María extrañadas y sin saber el por qué de su enfado, le describieron a aquella monja. 

 

- “No puede ser. No es posible”

 

- “Madre, es cierto. Ella misma nos la dio para que le hiciéramos entrega”

 

- “No puede ser verdad. Esta cruz es de la hermana Magdalena, yo misma se la coloqué en el cuello el día que la enterramos. Murió hace cinco años…”

                                                                                         Paco granados

Kilómetro 13

KILOMETRO 13

Fran era un joven conductor de autobús que debido a las vacaciones de sus compañeros tuvo que cubrir una ruta nocturna que se solía hacer diariamente. Normalmente eran unos 50 km todas las noches.

Las primeras veces Fran las pasó tranquilo. Era una ruta que apenas recogía gente, solo unos diez viajeros por noche. Personas que salían de trabajar o jóvenes que venían de pasarlo bien y que decidían no coger el coche.

Había tres chicos que solían coger ese autobús y siempre se bajaban en el KILÓMETRO 13. A Fran le extrañaba, pues allí no había parada de bus y estaba en medio de la carretera. Pensó que vivirían en algún cortijo cercano y vendrían de ver a sus parejas o algo así.

Una de las noches solamente iban en el bus los tres chicos. Fran intentó mantener cierta conversación con ellos. Pero los jóvenes no estaban por la labor. Mirando Fran por el retrovisor se dio cuenta que los muchachos se encontraban totalmente inmóviles, con la mirada algo perdida… Parecían estar mirando algo en la carretera. En ese momento a Fran se le pasó por la cabeza que hubieran podido tener algún altercado entre ellos y decidió no comentarles nada. Uno de ellos se dirigió hacia él, para decirle que parara como siempre en el KILÓMETRO 13.

A la noche siguiente a Fran le extrañó que los muchachos no hubieran cogido el autobús.. Ésta vez iba solo. La carretera estaba tranquila, como era habitual. Hacía mal tiempo, a punto de ponerse a llover. Era una de esas noches de invierno en donde no te apetece salir a ningún lado. Fran estaba deseando llegar a su destino para finalizar su jornada laboral. De pronto en medio de la calzada le pareció ver a un chico pidiendo ayuda

- “Pare el autobús, por favor. Acabamos de tener un accidente”

Fran paró el autobús y bajó rápidamente para poder ayudarle. 

- “¿Qué ha pasado?”

- “No lo sé, nos hemos salido de la calzada y el coche ha volcado”

Fran impactado vio que el coche estaba a unos metros de la carretera y que en efecto estaba en el fondo de un barranco. Al mirar al chico se dio cuenta que era uno de los muchachos que solía ir todas las noches en aquella ruta nocturna. De pronto vio subir a los otros dos jóvenes que iban subiendo por el barranco cubiertos de sangre, debido al impacto que tuvieron. Fran decidió llamar a una ambulancia para socorrerles. Cogió su móvil, pero no le funcionaba. Entonces fue al autobús para pedir ayuda por la emisora, pero nada, tampoco funcionaba. Fue en busca de los chicos para llevarlos él mismo en el autobús hacia el hospital. Para su sorpresa los muchachos ya no se encontraban en el lugar allí. Intentó buscarlos, pero fue inútil. Miró al barranco y tampoco vio ningún coche. Fran asustado cogió su autobús y como alma que lleva el diablo aceleró para irse de allí

- “No puede ser, esos chicos estaban ahí y el coche también. No puede ser”.

Mientras iba a toda velocidad se dio cuenta que el lugar donde todo había transcurrido era el KILÓMETRO 13. Llegando ya a la cochera aparcó el autobús, cogió sus cosas y se fue rápidamente a su casa a descansar. No podía dejar de pensar en lo que vio y lo raro de todo aquello. Ya ha amanecido y ha decidido coger su coche para ir al lugar donde transcurrió todo. Aún le costaba creer aquello y quiso comprobar si lo que vio había sido real o no. Cuando llegó, para su sorpresa lo primero que encontró fue tres ramos de flores y una cruz en el arcén de la carretera. Justo al lado se encontraba un hito, en el estaba escrito el KILÓMETRO 13. Acercándose para curiosear se dio cuenta que había tres fotos con una fecha simbólica. No podía creer lo que estaba viendo y del mismo impacto su cara se había quedado pálida. Eran las fotos de aquellos tres muchachos que todas las noches viajaban con él. La nota tenía inscrita la fecha: 15 de agosto de 2004.  

- “No puede ser. Estamos en el año 2013 y yo vi a estos chicos ayer”

Desde entonces, Fran decidió no volver a hacer más aquella ruta.

Paco Granados

Ayudadnos

Buenas madrugadas amigos. En esta nueva entrega de "Relatos. La Hora Del Miedo". Os dejo con:

 

AYUDADNOS

 

Noches atrás Natalia había estado escuchando unos ruidos un tanto extraños que no sabía exactamente de donde procedían. Del mismo susto no se atrevía a levantarse para ver qué o quién podía ser. Tenía un miedo atroz a la noche y a la oscuridad, ni siquiera era capaz de llamar a sus compañeros de piso para ver si ellos escuchaban algo.

 

Acababa de amanecer y sus compañeros de piso y ella se encontraban desayunando. Se dirigió a ellos para preguntarles si alguno de ellos había escuchado algún ruido esa noche. Al parecer ninguno de ellos había escuchado nada. Marta que dormía junto a ella. Julián y Oscar dormían en la habitación de al lado.

 

Natalia y Marta salieron de su piso camino al colegio donde trabajaban. La tarde transcurría igual que cualquier otra. Natalia entró en una clase y vio a una niña sentada en su pupitre. Se acercó para preguntarle que hacía allí, ya que las clases habían terminado. Natalia y Marta eran las únicas que allí se encontraban, pues eran las encargadas de la limpieza del colegio.

 

- “¿Qué haces aquí, estás castigada?”

- “¡No, ayudadnos!”

 

En ese mismo instante entró Marta a la clase.

 

-  “Natalia, ¿con quién estás hablando?”

-  “Con ésta niña ¿no las ves?”

-  “Si no hay nadie”

 

Natalia se giró hacia donde estaba la niña y en efecto allí no se encontraba nadie.

 

-  “Te juro que ahí  había una niña, te lo juro”

 contestó Natalia excesivamente  nerviosa.

 

-  “Tranquila Natalia, se habrá ido corriendo no te pongas así”

 

Llegaron a casa y allí se encontraban sus otros compañeros. Natalia les contó lo que había pasado con aquella niña. Los dos bromearon sobre ello  Comentaban entre ellos que seguro que aquello era un espíritu que venía a por ella. Natalia se marchó enfadada a su habitación. Marta se fue al poco tiempo.

 

-  “Natalia, no te enfades, solo fue una broma”

-  “No me gustan esas bromas. Ellos saben del miedo que me produce todo esto”

 

Eran las tres de la madrugada cuando de repente Natalia comenzó a sentir un frío profundo que la despertó. Se encontraba destapada. Cuando se levantó para volver a taparse vio que a los pies de la cama se encontraba la silueta de un niño. Rápidamente y llena de terror encendió la lamparita que tenía en la mesita de noche, y de repente una voz…

 

- “Ayudadnos”  

 

Natalia gritaba desesperadamente. Marta se asustó al escuchar aquellos gritos y saltó de la cama. Al momento Julián y Oscar salieron corriendo hacia su habitación para ver que ocurría. Natalia se encontraba temblorosa y muy nerviosa.

 

- “Estaba ahí al lado de mí cama, estaba ahí”  

- “¿A quién te refieres?”  

- “No sé, había un niño pidiendo ayuda”

 

Sus amigos creyeron que se trataba de una burla hacia ellos por aquella broma que le hicieron.

 

- “¡Anda ya! Venga buenas noches” 

 

Cuando se disponían a volver a su habitación la puerta del cuarto de Natalia se cerró sola delante de ellos. Comenzaron a escuchar gritos y pasos… El frío en la habitación era cada vez más intenso. Ahora eran los cuatro los que tenían miedo. Podían escuchar claramente unas voces de niños que decían…

 

- “Ayudadnos, ayudadnos”

 

El pánico se apoderó de todos. La noche la pasaron los cuatro juntos, sin querer moverse de allí. A la mañana siguiente todavía con el miedo en el cuerpo decidieron ir a hablar con el dueño de la casa, para ver si él alguna vez había sentido algo. Cristóbal, que así se llamaba el dueño les comentó extrañado…

 

-“No, aquí normalmente solo se escucha los sonidos típicos de un edificio antiguo; el crujir de la madera y esas cosas, pero voces nunca”

 

Cristobal les comentó que podría tener sentido las voces de aquellos niños, ya que antiguamente el edificio era un orfanato y solían enterrar allí a los niños que fallecían.

 

 Aquellas palabras les asustaron más y se marcharon de nuevo a su piso. No tenían más remedio que volver, pues no tenían a dónde ir.

Aquella noche decidieron dormir todos en la misma habitación por si ocurría algo y estar así los cuatro juntos. Una vez más a las tres de la mañana empezaron a sentir frío, mucho frio… Veían sombras por todos lados. Entonces Julián se armó de valor y se dirigió a aquellas sombras.

 

- “¿Qué es lo que queréis?“

- “Ayudadnos”

- “¿Y cómo os podemos ayudar? Decírnoslo”

 

De pronto dos niños vestidos con ropaje antiguo, se presentaron en la habitación. Eran dos niños; Un niño y una niña de unos diez años. Sus caras eran pálidas y estaban cubiertos de polvo. Les estaban señalando el pasillo… Los cuatro amigos fueron hacia allí. Uno de los niños se paró justo delante de la cocina y les señaló los muebles de la cocina que había colgados en la pared. Julián y Oscar los quitaron rápidamente. Golpearon en la pared y se dieron cuenta que estaba hueca. Les dijeron a Natalia y a Marta que les trajeran algo para romper aquella pared. Ellas rápidamente fueron a buscarlo. Se pusieron a dar golpes hasta que consiguieron hacer un agujero. De pronto de aquel hueco comenzaron a salir unas luces blancas parecidas a las orbes. El piso quedó todo iluminado. Los cuatro sintieron una paz enorme y a aquellos niños les cambió la cara. Era todo felicidad. Se acercaron a Natalia, Marta, Julián y Oscar. Mientras les daban un beso…

 

- “Muchas gracias por ayudarnos a salir de ahí. Por fin somos libres”

 

Ante la presencia de ellos desaparecieron…

                                                                                            Paco granados

¿Te acuerdas?

¿TE ACUERDAS?

 

Hola!

¿Te acuerdas de mí, no? 

Sí, claro que recuerdas; yo era el que estaba a tú lado aquella noche en aquel lugar donde estuviste a punto de tener el accidente de tráfico 

¿recuerdas  ahora? 

Veo que sigues sin recordarme; también era quien estaba a tú lado el día que te avisaron que a tú padre le había dado un infarto.

¿sigues sin acordarte?

Tienes mala memoria amigo; también estaba a tú lado  el día que naciste; al igual que te acompañé el día de tú primera comunión... 

 

Como puedes ver, llevo a tú lado toda la vida y tú ni me recuerdas;

El día que murió tú madre estuve contigo igual que cuando fallecieron tus abuelos...

 

Por más vueltas que le daba a mi cabeza, no conseguía recordar nada sobre esa persona; lo más extraño era, que siempre me había acompañado en  los momentos mas duros de mi vida... La tendría que recordar... Pero no, no conseguía hacerlo; extraño, pero cierto. 

 

No se quién puede ser...

Seguía preguntándome una y otra vez si le recordaba y continuaba confirmándome:

¿Recuerdas aquella noche que te encontrabas sólo en casa?

Era martes, tú tenías trece años. Tus padres habían salido a una cena de empresa.

 

Si martes y trece, igual que hoy. Lo recuerdo con todo lujo de detalles. 

A medía noche comenzaste a escuchar ruidos, golpes, y una serie de pasos extraños...  Pensaste que alguien había entrado en tú casa con la intención de robar y podía hacerte daño; Te escondiste dentro de un armario agazapado; esperaste a que el ladrón se marchase.

Pasaron las horas y te diste cuenta de que no había nadie y decidiste salir de tú escondrijo. De repente, viste cruzar una sombra negra por el pasillo... Era una silueta pequeña; como si de un niño o niña se tratara; te llamaba por tú nombre una y otra vez. No sabías que hacer... Te quedaste paralizado, estabas asustado; de repente escuchaste la puerta principal de la casa como se abría... Eran  tus padres que regresaban. Aquello te tranquilizó un poco.

 

A la mañana  siguiente a primera hora te encaminaste a la parroquia, hablaste con el sacerdote y le pediste  que ofreciera la misa a la memoria de aquella sombra que viste.

 

Toda tú vida llevas pensando que aquel MARTES y TRECE estabas solo; pero te equivocas, yo estaba contigo.

 

Cada vez me sentía  más confuso; como ésta persona podía saber todo eso. En verdad esa noche me encontraba solo en casa y jamás se lo conté a nadie.

Para, ¡por favor! Me estás asustando. Ese día estaba solo, nadie había conmigo.

 

Veo que ahora sí vas recordándome;

No, no te recuerdo...

 

Déjame en paz!!!

 

¡Ya me recuerdas! 

Estás  comenzando a sentir esa sensación tan extraña que sentías en todas esas ocasiones en las que yo te acompañaba;

¡Ves! siempre te he acompañado y siempre te acompañaré, hasta que tú cuerpo de su último aliento de vida.... Ahí, ahí estaré yo contigo (porque no soy una persona, soy un sentimiento y nunca te podrás desprender de mí)

¿por qué crees que solo estoy contigo cuando te sientes asustado? Porque yo, yo soy tú miedo y siempre estaré a tu lado...

 

jajaja

                                                                                     Paco granados

Quien está ahí debajo?

 

 

¿QUIEN ESTA AHÍ DEBAJO?

 

Anochecía y me disponía a acostarme. Era una noche desapacible. Había tormenta y no me hacía mucha gracia, ya que vivo sola y los rayos y truenos no son muy de mí agrado. Cuando me acuesto suelo poner la radio, todas las noches, pues me ayuda a dormir. A ésta hora solo ponen programas de miedo y la verdad no me apetece escucharlos. La apago y me acurruco entre la manta. Cada vez que escucho un trueno mi cuerpo se lleva un sobre salto inmenso. Ésta noche va a ser larga. Pienso y  decido coger mi móvil y hablar con los amigos que tengo en el grupo de WhatsApp, pero nadie me contesta. Todos duermen seguro.

 

Son las 2.00 de la madrugada. Me pongo a mirar mis redes sociales, pero el teléfono se me queda sin batería y no me apetece ir a por el cargador. Suelto el móvil en la mesita de noche y me vuelvo a acurrucar. Pienso hacia mis adentros y me digo:  “a ver si pasa la noche pronto”. De repente escucho unos golpes en la ventana. Parece como si estuvieran arañando la persiana. Me armo de valor y me levanto. Subo la persiana muy poco a poco… De pronto un gato salta de la ventana a mi cuarto; del impacto grito desesperada. Es el gato de mi vecina asustado seguramente de la tormenta. El animal salió corriendo escaleras abajo. Dejaré al gato y mañana se lo llevo a mi vecina. 

 

Vuelvo a la cama pensando en el pobre gato y el susto que me dio.  Parece que la tormenta se está calmando, ya no oigo los truenos.  Empiezo a escuchar como si hubiera alguien debajo de mí cama... El gato no puede ser, pues cerré la puerta de mi habitación. No sé, será mi cabeza que aún piensa en la tormenta. Intento dormir pero los ruidos empiezan a ser más seguidos e intensos. Escucho como si alguien estuviera dando golpecitos con su dedo en el suelo. Mí intención es mirar, pero mí miedo no me deja. Se empieza a escuchar una respiración fuerte y agónica.  Cada vez estoy más asustada. Mí cuerpo empieza a tener un fuerte sudor frío y un gran temblor. Siento como si empujaran mi colchón hacia arriba; estoy a punto de que me de algo… Mí corazón se acelera, pero no, no me atrevo a mirar quien hay debajo, no puedo. De pronto mis sábanas y mantas empiezan a deslizarse poco a poco hacia los pies como si alguien o algo estuvieran tirando de ellas. No lo soporto más, no. Grito sin parar. ¿Quién estará ahí debajo? 

 

Los golpes parecen ser de un dedo tocando el suelo. Cada vez son más intensos. Llena de terror me levanto e intento abrir la ventana para poder salir o pedir ayuda. Pero no puedo, la ventana no se abre. Escucho como si detrás de mí hubiese pasos. Me giro rápidamente pero no hay nadie. Me quedé mirando fijamente hacia la cama. Los ruidos siguen saliendo de debajo de la cama. Me voy acercando muy lentamente y llena de miedo. Ya estoy al lado de la cama, con las piernas temblorosas me arrodillo. Pongo las manos en el suelo y me agacho totalmente para ver que hay debajo, pero no veo nada. Me tranquilizó al saber que no hay nadie. Pero cuando intento reincorporarme… De pronto veo una mano putrefacta que me agarra fuertemente y me arrastra hasta el fondo de la cama haciendo que me pierda en la oscuridad.

 

Nunca más nadie supo de mí… No sé dónde estoy. Aquí solo hay oscuridad y maldad.  Se siente mucha maldad. No recuerdo nada de mí vida. El último y único recuerdo que tengo es de mis amigos y yo jugando a la ouija, y solo sé que  ellos no tardarán en estar aquí conmigo.

 

Paco granados

Compañeros de habitacion

Buenas madrugadas amigos.

Hoy en Relatos La Hora Del Miedo tenemos el Relato:

 

COMPAÑERO DE HABITACCION 

 

Amanecía lluvioso, con un frío atípico de la estación de otoño. Alberto llegó a su habitación. Él se hospedaba en la Universidad de la capital. Era su primer año y esperaba impaciente quien le podía haber tocado como compañero de cuarto. La Universidad tenía residencia propia, para que los alumnos no tuvieran la necesidad de alquilar ningún piso en la ciudad. Así podrían ahorrar algo de dinero, pues de por sí la Universidad ya era costosa.

 

Alberto se encontraba colocando sus pertenencias. Ya había elegido donde dormir. Tuvo suerte ya que el compañero que le correspondía no había llegado. Se encontraba haciendo la cama cuando por la puerta ve llegar a su compañero. El muchacho se dirigió a él para decirle que la cama que había elegido no era la que le tocaba, pues ya estaba ocupada por él que la llevaba usando durante muchos años. Alberto asombrado se decía para si mismo.

 

-  “¡Muchos años! Si lo más seguro es que tenga mi edad”

 

Germán como así se llamaba su compañero, era de estos chicos que todo lo saben. Aunque prefería las fiestas a los estudios, pues era un tanto pasota. Germán se dirigió a Alberto para que no se preocupara que él se encargaría de enseñarle todas las instalaciones de la Universidad; le diría como eran los profesores y el resto de alumnos. Alberto le dio las gracias por querer ayudarlo a integrarse al lugar.

 

Cayendo la noche Alberto decidió coger un libro para empezar a leerlo. Germán bromeaba dándole golpes. Dirigiéndose a él…

 

- “No hombre, no leas ahora ya tendrás tiempo para eso. Vamos a pasárnoslo bien” 

 

Se dirigió a su taquilla y sacó una botella de ron y un paquete de cigarrillos.

 

-  “Venga vamos a celebrar tú llegada amigo”

-  “No, yo no bebo y tampoco fumo. Te lo agradezco”

 

Germán lo engatusó y al final aceptó la invitación. Estuvieron bebiendo y fumando toda la noche. A la mañana siguiente Alberto era incapaz de levantarse de la cama y acudir a las primeras clases. Estando ya casi preparado miró hacia Germán que aún seguía en la cama y se dirigió a él…

 

- “Germán ¿no te vas a levantar? Tenemos que ir a clase”

- “No, paso de ir. Prefiero quedarme acostado,  pues no he dormido lo suficiente”

- “Como quieras…”

 

Habían terminado las clases y Germán se encontraba en el patio de la universidad esperando a Alberto. Se sentaron en un banco. Germán empezó a señalar con el dedo a la gente que allí se encontraba, mientras le comentaba a Alberto como era cada cual. De repente vio a una muchacha que le impactó. Mientras la observaba, no articulaba ninguna palabra. la miraba. Alberto le preguntó por la chica.

 

- “¿Quién es ella?

- “Es Clara, la mujer más guapa de la Universidad. Siempre me gustó”

- “¿Nunca le has pedido salir?” 

- “No puedo”

 

Alberto extrañado ante aquel gesto de su amigo, pues era de los típicos chicos que podía tener a la chica que quisiera. Germán le pidió a Alberto que invitara a Clara a su habitación para  que pudiesen tomar una copa juntos.

 

- “¡Estás loco, no la conozco de nada! ¿por qué no se lo dices tú?

- “Anda, hazme solo este favor” 

 

Después de pensárselo un rato Alberto invitó a Clara la cual aceptó rápido.

 

- “Germán, se ve que le gustas, pues ha aceptado”

- “Creo que no, pues tengo la intuición de que el que le gusta eres tú”

 

Ya anocheciendo Clara llegó a la habitación. Alberto le ofreció una copa y al ir a dársela se giró levemente vio que Germán estaba besando a Clara, mientras le intentaba quitar la ropa. Ella a la vez que se resistía, lloraba… Alberto le espetó obligándole a que la dejara pero Germán hacía caso omiso. Cada vez se resistía más. Entonces Germán sacando una navaja de su bolsillo se la clavó una y otra vez hasta dejarla sin vida allí en su cama. Los gritos alertaron a los demás alumnos y a la seguridad de la Universidad. Entraron rápidamente a la habitación y se encontraron a Clara sin vida y ensangrentada.

 

- “¡Germán se ha vuelto loco!”

- “Tranquilo muchacho, tranquilo. Suelta esa navaja”

- “¿Qué navaja? 

 

Alberto sin entender nada miró a Germán… Reía a carcajadas.

 

- “Lo veis, ha sido Germán. Mirad sus manos, ahí lleva la navaja”

 

Los guardas solamente se dirigían a Alberto para que tirara la navaja. Al mirarse, vio que sus manos estaban ensangrentadas, su ropa también. En la mano izquierda empuñaba una navaja. 

 

- “¡Noooo, no puede ser! Ha sido Germán, miradle se encuentra riéndose! ¿Pero no lo veis?”

- “No Alberto, aquí estamos nosotros solos. No se encuentra nadie”

- “Se encuentra ahí, por Dios. Ha sido él”

 

Mientras Alberto chillaba los guardias se lanzaron sobre él para reducirlo y detenerlo.

 

Han pasado cinco años de la muerte de Clara y Alberto sigue internado en un Centro Psiquiátrico. Germán sigue a su lado…

 

- “Fuiste tú Germán, fuiste tú”

- “No Alberto, yo no pude ser. Recuerda yo estoy muerto y el único que me ves eres tú”

 

Germán reía a carcajadas…

                                                                                         Paco granados

El piso de arriba

 

 

EL PISO DE ARRIBA   

 

{La noche me atormenta. Esa noche con su silencio, esa noche oscura me atormenta. Deja que pueda descansar esta noche, pues en realidad “ella” me atormenta}

 

Estas eran las primeras líneas del libro que estaba leyendo Elías. Le gustaba leer libros de misterio, terror y leyendas… Aunque en realidad él no creía nada de lo que en aquellos libros solía leer. Era de los que tenía que ver para creer. Pero este libro le tenía atrapado, no podía dejar de leerlo. De repente escuchó un ruido en el piso de arriba. A Elías  le extrañaba ya que allí no vivía nadie. Hacía años que aquel piso estaba cerrado. Allí nunca vio a nadie entrar ni salir de aquel lugar.

 

Los ruidos seguían. Escuchaba pasos y un goteo constante de agua… Parecía como si hubiera algún grifo que no estuviera bien cerrado. Decidió subir por si hubiera alguien y así alertarle sobre el goteo del agua. Tocó al timbre pero no respondía nadie. Así que llamó dando un fuerte golpe en la puerta y esta sola se abrió. Una vez abierta se dispuso a entrar. 

 

- “Buenas, hay alguien aquí”

 

No obtuvo respuesta. De pronto escuchó como si dos niños pequeños estuvieran correteando y jugando en esa casa. Al mirar las habitaciones comprobó que estaban todas cerradas con llave. Siguió hasta el salón… Allí se encontraban los niños, dos pequeños de unos cinco y tres años. Mientras jugaban y reían sin darse cuenta de que Elías estaba allí. Intentó llamar su atención, pero fue inútil. Ellos seguían con sus carreras y juegos. Escuchó un ruido en la cocina. Se aproximó y se encontró a una mujer de unos treinta años. Su aspecto era de sufrimiento, pues tenía la cara pálida y unas grandes ojeras. En la mesa había una botella de ron y ella tenía un cigarrillo en la boca. Con la ceniza a punto de caer al suelo…

 

- “Joven, perdón por entrar, pero la puerta estaba abierta. Quería avisarle de que se le ha quedado un grifo abierto”

 

Ella lo miró fijamente, tenía la mirada perdida y fría. Sin articular palabra se dirigió hacia el baño y se acercó a la bañera; por fin cortó el grifo. Ella siguió a sus quehaceres sin hacer el mínimo caso a su presencia. Al ver aquella frialdad en ella decidió marcharme a su casa.

 

 A su cabeza le vino lo raro de toda aquello. En todos los años que llevaba viviendo allí nunca vio a esta familia… Eran un poco raros la verdad.

 

Se acostó y al cabo de veinte minutos se volvieron a escuchar otra vez los mismos pasos, las carreras y el goteo de aquel grifo. Esta vez decidió no subir, iba a intentar dormir. Al día siguiente hablaría con el conserje para que hablara con aquella familia.

Acababa de amanecer, sé arregló  y sé dispuso a ir al trabajo. Bajó  hasta la portería y allí se encontraba el conserje. Aquel hombre llevaba más de cuarenta años trabajando allí y era muy querido por todos. Le comentó el tema de los ruidos de aquel piso. Le hizo saber que debería hablar con aquella familia para que tuvieran más cuidado con la grifería. El conserje le miró extrañado…

 

- “No señor, debe usted estar confundiendo el piso.

- “No, no. Estoy seguro, es el que está encima de mí. El piso número siete de la tercera planta. Yo mismo subí anoche y les avisé, pero pasados unos minutos el grifo volvía a gotear” 

 

El conserje le miró y cerró por un momento los ojos.

 

- “Ese piso lleva más de treinta años cerrado señor” 

El marido perdió la cabeza y ahogó a sus dos hijos en la bañera… Su mujer no pudo aguantar aquel dolor que le produjo aquello y se ahorcó en la cocina. 

Elías con la cara desencajada salió de la portería…

 

Aún están esperando que regrese, pues no se supo más de él.

 

Paco granados

CHAT

Una madrugada más vuelve Relatos La Hora Del Miedo

 

CHAT

 

Martín era un joven alegre y divertido, muy amigo de sus amigos. Era conocido por sus gustos hacia los fenómenos paranormales y casos extraordinarios. Él creía en toda esas cosas. Al salir del instituto se dirigió a su casa. Al entrar saludó a sus padres y se subió a su cuarto. Otra de las aficiones que tenía era chatear y con ello conocer gente nueva. Él sabía de sobra que no todos los que entraban a chatear contaban la verdad sobre ellos. Había gente que se inventaba una vida diferente a la que en realidad tenían, pero eso a él no le importaba mucho, ya que no solía quedar con nadie fuera del chat.

 

Entró a su habitual sala de chat. En la sala la mayoría de personas eran de su edad. Muchos de ellos eran compañeros de instituto. Estaban hablando del último partido de futbol que habían jugado sus diferentes equipos. A Martín no le interesaba el tema, ya que el deporte no era una de sus mejores aficiones. Abrió otra ventana e hizo click en una página de misterio.

 

 Mientras se entretenía leyendo saltó un aviso de mensaje privado. Provenía del chat. Se dispuso a mirar para ver de quién se trataba. Al mirar de donde provenía el mensaje vio que no le era familiar aquel Nick. El usuario tenía por nombre  “te veo”. Martín soltó una carcajada, pues le pareció un Nick un tanto curioso. Comenzó a entablar una conversación con aquella persona.

 

- “Hola Martín” - TV

- “hola, ¿Quién eres? ¿De qué te conozco?” - M

- “Yo a ti si, pero tú a mí no” - TV

- “¿Eres de aquí? - M

- “No Martín, yo vivo a mil kilómetros de ti” - TV

- “¡Mil kilómetros! ¿Y tú me conoces a mí?” - M

-  “No, en persona no. Pero te puedo ver” - TV

-  “¿Cómo es que me puedes ver? No tengo la Cámara conectada” - M

-  “Te puedo ver sin necesidad de tener la cámara conectada, pues soy vidente.     Es decir, que te puedo ver desde mí casa” - TV

 

Martín se echó a reír y pensó que podría ser algún amigo suyo gastándole una broma.

 

- “A ver… Dime ¿Qué estoy haciendo ahora?” - M

- “Pues estás sentado en una silla roja. Mientras chateas conmigo en otra ventana tienes una página de misterio abierta” - TV 

  

Martín no tenía duda. Estaba totalmente convencido de que estaba siendo víctima de una broma. Sus amigos eran conocedores de aquella silla roja y que por supuesto era un aficionado a los temas de misterio en la red.

 

- “¡Venga ya! Dime ¿Quién eres?” - M

- “Soy Belinda” - TV 

- “¡Belinda! ¿Qué Belinda?” - M

- “Te dije que tú no me conoces de nada. Ábre la puerta, te espero” - TV

-  “¡Mí puerta! Si no hay nadie,  y no han tocado en ella” - M

 

Martín reía nervioso. De pronto escuchó tres toques en la puerta. Era su madre que le traía la merienda. Se quedó sorprendido, pero pensó que pudo ser una simple casualidad.

 

- “¿Qué te subió tú madre, la merienda?” - TV

- “Pero… ¿Cómo sabías que mí madre iba a venir?” - M

-  “Te dije que podía verte ¿Sigues sin creerme?” - TV

- “Pues no, no te creo. Pienso que es una casualidad” - M

- “¡Casualidad! Entonces como sé que tienes una foto tuya en la mesa del ordenador en la que sales retratado en el zoo con tus padres…” - TV

 

Martín comenzó a mosquearse, pues esa foto la había puesto por la mañana y ninguno de sus amigos y ni siquiera sus padres sabían nada.

 

- “Martin, no te asustes. Estoy sintiendo que hay una presencia en tú casa” - TV

- “¡Una presencia! ¿Qué presencia?” - M

- “Veo como unas sombras están vigilándote” - TV

-  “Si lo que quieres es asustarme lo estás consiguiendo” - M

- “No amigo no te quiero asustar, solo avisarte” - TV

- “Gracias por la intención, pero estoy asustado” - M 

- “No fue mi intención, no te asustes. Solo conseguirás que se hagan más  fuertes” - TV

 

Martín estaba viendo que la conversación se estaba alargando demasiado. Cada vez estaba más asustado. Decidió apagar el ordenador y echarse un rato en la cama a leer. Pasados unos minutos escuchó un chasquido. El ordenador acababa de encenderse solo y en la pantalla aparecía el chat. Martín se puso muy nervioso. Al ir a mirar el chat vio que tenía más de veinte mensajes de Belinda (TE VEO) diciéndole que ya no tuviera miedo, que las sombras ya no las iba a ver en su casa. Las sombras ahora se encontraban con ella. Había un último mensaje, en el se podía leer. 

 

-      “¡No, no! Por favor dejadme. Noooooo”

 

Martin contestó a aquellos mensajes, pero no obtuvo respuesta. Pensó que Belinda ya se había desconectado y se fue a la cama. Pasados diez minutos Martín comenzó a sentir mucho frio. Tenía una sensación extraña, notaba como si alguien estuviera con él en ese momento. Tenía miedo, un miedo que nunca había sentido. Quería irse de su cuarto, pero las piernas le fallaban debido al frio y al terror que sentía. Cada vez notaba con más fuerza aquella presencia. Notó como le acariciaban el pelo y a su vez una voz que le susurraba.

 

-      “No tengas miedo Martín”

 

A Martín aquel susurro le puso aún más nervioso. De su boca salía vaho debido al frío, que cada vez era más intenso en aquel cuarto. La cortina comenzó a moverse de un lado para otro. Martín estaba al borde de una crisis nerviosa.  Entonces notó como una mano fría tocaba su hombro para tranquilizarlo. De pronto apareció una joven sentada a su lado. Sus rasgos eran de una persona de país sudamericano. Su pelo era negro como el carbón; unos grandes ojos verdes y con una voz dulce y tranquilizadora. En ese instante se acercó a él para decirle.

 

-        “Martín, no temas. Conseguí que las sombras se marcharan de tú casa. Yo  pagué un precio muy alto por ello. Soy Belinda y aquellas sombras me castigaron por salvarte a ti. Lo he pagado con mi muerte. Siempre estaré aquí para ayudarte. Recuerda esto: cree siempre en lo que no ves, porque puede hacerse realidad”

 

En ese momento desapareció ante la presencia de Martín.

                                                                                            Paco granados

El Padre Bruno

 

 

EL PADRE BRUNO

 

El padre Bruno era un joven sacerdote que acababa de recibir sus hábitos. Había sido destinado a un pequeño pueblo de la montaña. Era un sitio tranquilo, con personas muy creyentes. Su párroco, El Padre Adán, era ya un hombre longevo. El Padre Bruno iría a  sustituirlo de su cargo.

 

El Padre Bruno se encontraba ya en el pueblo.  Aunque era un hombre joven seguía vistiendo como los sacerdotes de antaño, con las típicas sotanas largas y de color negro. Se dirigió hacia la iglesia donde el viejo Padre Adán le explicaría todo sobre sus feligreses y sus funciones como PÁRROCO. Le mostró su habitación, un pequeño cuarto dentro de la misma iglesia. Ahí tenía todo lo necesario para su día a día. También le presentó a María, la mujer encargada de la limpieza de la iglesia y la que preparaba la comida y ropa para el párroco 

A la mañana siguiente el Padre Bruno dio su primera Misa en el pueblo. Al término de la misma, se acercaron muchas personas a darle la bienvenida. Parecía que el Padre había caído bien entre las personas del pueblo. Después de agradecer las felicitaciones a sus nuevos vecinos se retiró a su habitación. Allí el Padre Bruno cogió el crucifijo que había en el cabecero de la cama y lo guardó en un cajón.  Sacó de su maleta una especie de rosario y lo colgó en el lugar del crucifijo. Algo raro porque aquel rosario no llevaba ningún símbolo religioso. Aquel rosario solo llevaba bolas de níquel unidas por un fino cordón de oro.

 

Era por la tarde y al Padre le tocaba dar la confesión a los feligreses. Allí esperándolo había una joven… Comenzó a confesarla; la joven finalizó su confesión. Al término el Padre pronunció las palabras de la absolución.

 

-  “Yo te absuelvo en el nombre del PADRE, del HIJO, del ESPÍRITÚ SANTO”

 

La muchacha preguntó que si no le iba a poner penitencia… El Padre le respondió que no, que Dios sabría como perdonarla sin necesidad de rezar. La joven extrañada se marchó a su casa. Ya cayendo la noche la joven se dispuso a descansar. En ese momento sintió como si alguien la siguieran y la miraran. Era imposible, pues se encontraba sola. Entró en su habitación y allí sentado en la cama se encontró al Padre Bruno con su rosario en la mano. La joven se asustó mucho.

 

- “¿Qué hace aquí Padre? ¿Cómo ha entrado a mi casa?”

- “No temas hija mía, vengo a sanar tus pecados”

 

El Padre Bruno se abalanzó sobre la joven, cogió su rosario y lo pasó sobre su cuello. Apretaba fuertemente… Parecía que los ojos de la muchacha iban a estallar.  Ella se movía dando pataletas. Intentaba escapar del Padre, pero fue imposible. Mientras él la asfixiaba exclamaba.

 

- “Tus pecados han sido perdonados”

 

La joven expiró.

 

Mientras en el cuarto del Padre, María hacia sus tareas de limpieza y mirando al cabecero de la cama vio que no se encontraba el crucifijo. Le pareció extraño. Se dispuso a buscarlo, pero no tuvo suerte. Abrió el armario para prepararle la ropa y al abrirlo, de repente el cuerpo del padre Adán cayó encima de ella. María chillaba desesperada, pero el padre estaba muerto. Tenía el crucifijo clavado en el corazón y alrededor del cuello se vislumbraba una quemadura. En su pecho ensangrentado se podía leer. 

 

 - “Tus pecados fueron perdonados”

 

María llena de pánico salió corriendo hacia un teléfono para poder avisar a la policía. Cuando finalizó la llamada, justo detrás de ella se encontraba el Padre Bruno.

 

- “¿Qué haces María?”

- “Padre, ha pasado algo horrible”

- “Lo sé María”

 

Ella echando la vista a las manos del Padre, vio que llevaba el rosario en una de las manos. La otra mano la tenía llena de sangre. El rostro del padre era de odio hacia ella.

 

- “Padre, ¿Qué le pasa?

- “Nada María, solo estoy aquí para perdonaros los pecados”

 

María se asustó y huyó. El Padre yendo tras de ella pudo agarrarla por el pelo, tirándola al suelo. Abrazó su cuello con el rosario. Mientras apretaba fuertemente proclamaba las mismas palabras de la confesión.

 

-         “Tus pecados fueron perdonados”

 

María se estaba quedando sin aire… De repente escuchó un fuerte golpe en la puerta. Era la policía. La puerta cayó al suelo y la policía apuntaba con sus armas al Padre.

 

- “Suelta a la chica” 

 

El padre reía y a su vez apretaba fuertemente el rosario. Uno de los policías disparó contra él. Cayendo al suelo soltó a María, casi sin vida. El Padre Bruno se giró hacia el policía que le disparó y soltando un gruñido heló los huesos de todos los allí presentes. Sus ojos se volvieron completamente negros. Su rostro había cambiado. Todos los policías comenzaron a disparar. El seguía riendo.

 

- “Volveré a perdonar vuestros pecados”

 

En ese momento se desvaneció delante de ellos dejando un fuerte olor a azufre.

En las semanas siguientes, volvieron a suceder muertes parecidas. Nunca más vieron al Padre Bruno. 

 

¿Quién era realmente el padre Bruno? Lo peor, es que sigue entre nosotros.

                                                                                        Paco granados

EL LIBRO DE PIEL

EL LIBRO DE PIEL

 

 

EL LIBRO DE PIEL

 

Corría el año 1612, la inquisición estaba en plena lucha para acabar con las brujas o meigas. Les acusaban de hacer el mal a hombres y animales… E incluso las culpaban de mantener relaciones carnales con el propio diablo. Tenían arrinconada en una cabaña a una de las brujas que consideraban más peligrosas y malvadas. Tras una larga lucha con ella consiguieron reducirla y llevarla a los calabozos del pueblo, donde una vez allí la quemarían en la hoguera como hacían con todas. Ésta vez los verdugos se cebaron con ella dándoles golpes tras golpe hasta que ésta cayó al suelo. Estando inconsciente uno de los verdugos cogió un enorme cuchillo y empezó a quitarle la piel de su cuerpo. Ésta al sentir el gran dolor despertó y comenzó a gritar. Parecía un animal agonizando, los maldecía una y otra vez hasta que volvió a desmayarse por el dolor. Cuando los verdugos terminaron con ella arrojaron la piel a un río y a la meiga la quemaron en la hoguera.

 

Río abajo había un hombre pescando. Se dio cuenta que en aquellas aguas había algo flotando; era la piel de aquella meiga. Tuvo un impulso y la cogió. La guardó en un pequeño baúl que tenía. Pasaron los días y al pescador le picó la curiosidad; no se lo pensó y abrió el baúl donde había encontrado aquel trozo de piel. No daba crédito… Aquel trozo de piel se había convertido en un tejido fino y sedoso. Decidió venderla a un joven librero del lugar que pagaba muy bien por ciertos tipos de tejido. Cuatro siglos más tarde de la muerte de aquella bruja, nadie más supo donde fueron a parar aquellos trozos que le fueron arrancados de su piel.

 

Eric era un joven estudiante de medicina y decidió viajar a Galicia para disfrutar allí unos días. Entró en un mercadillo donde vendían de todo; cuadros, libros, objetos antiguos… Todo lo que te pudieras imaginar… Pensó que sería una buena idea llevarle un regalo a su hermana y decidió comprarle un libro. Empezó a mirar puesto por puesto. Vio uno que le llamó la atención, no por el titulo sino por la textura de su pasta, parecía que estaba forrado de terciopelo. Le gustó y se lo compró para llevárselo a su hermana Carol. Pasados quince días Eric volvió a su ciudad. Lo primero que hizo fue pasarse por la casa de su hermana para darle su regalo. Sabía que le iba hacer mucha ilusión y así fue. Carol no paraba de darle gracias una y otra vez. Él entusiasmado le dijo…

 

- “Pero ábrelo primero mujer”

 

Carol lo abrió y leyó el titulo “Historia de una meiga”.

 

- “¡Me encanta! gracias hermano es genial y es muy suave. ¿De qué esta forrado Eric?” 

- “Pues no sé, será terciopelo o algo así”

 

Eric se despidió de su hermana. Ella se fue a cenar y poco después se fue a la cama. Estaba deseando coger el libro y empezar a leerlo. Sonó el despertador, pero Carol no había dormido aún. Seguía leyendo aquel libro. Tampoco fue al trabajo, estaba obsesionada no podía dejar de leerlo. Pasaron dos días y Carol seguía levantándose sin dormir. En su rostro ya se iba notando el cansancio. Desde el trabajo la llamaban al móvil pero no contestaba. Un compañero del trabajo se acercó a su casa, pues estaba preocupado. No sabía si estaba enferma o le había pasado algo; tocó al timbre y Carol le abrió. Ella seguía teniendo el libro en sus manos. El amigo le pregunto qué pasaba… Ella sin despegar los ojos del libro, le dijo que no pasaba nada, que solo estaba entretenida leyendo un libro. A él le extraño… No ir a trabajar por leer un libro! Se acercó e intentó cogerle el libro para ver de qué se trataba… Entonces Carol con una voz que no parecía suya y golpeándolo en la cara con el libro dijo.

 

- ”No te atrevas a tocarlo” 

 

Su compañero cayó a un par de metros de Carol. Ésta se le acercó. Su rostro había cambiado y también su pelo. Las uñas de sus manos empezaron a crecerle; eran de color negro. Sus ojos eran completamente blancos. Rápidamente se agachó y cogió a su compañero con una fuerza impropia de ella… (Carol era delgada y no tenía mucha musculatura). Acercó su mano al pecho de él y le arranco el corazón. En ese mismo instante un ser oscuro se apareció. Acercándose a Carol la besó y susurrándole.

 

- “¡Bien hecho! Ahora haz el ritual que viene en el libro y volverás a ser lo que eras”

 

Carol siguió leyendo… Estaba a punto de empezar con el ritual. Por un momento tuvo algo de lucidez. Cuando soltó el libro, vio a su compañero muerto en el suelo y el corazón encima de la mesa.

 

- “Dios mío, ¿Qué ha pasado?”

 

Entonces aquel ser oscuro cogió el libro y volvió a dárselo a Carol.

 

- “No, no lo sueltes hasta que esté todo terminado”

 

Carol volvió a aquel estado de trance… De pronto escuchó.

- “Carol, Carol ¿estás bien? Me han dicho que no estás yendo al trabajo. ¿Estás enferma, Carol?

 

El ser oscuro le dijo que siguiera con el ritual y no hiciera caso. Carol continuó, pero Eric abrió la puerta y vio a su hermana con el libro en una mano y el corazón en otra. De un fuerte golpe le quitó las dos cosas. 

 

- “Eric ayúdame, es el libro, ayúdame”

 

El ser oscuro volvió a golpear, esta vez a Carol dejándola sin conocimiento.

 

- “Cállate” 

 

Se acercó a Eric y lo golpeó una y otra vez. Él intentaba defenderse, pero era inútil. Aquel ser era fuerte. Eric estaba cada vez más flojo. Ya casi a punto de que lo matara aquella fuerza del mal… De repente, Carol saliendo en su defensa.

 

- “Púdrete en el infierno”

 

Quemó aquel libro… Mientras este ardía aquel ser lo hacía al mismo tiempo. Carol empezó a recuperar su rostro y volvió a ser la misma que era antes de empezar a coger aquel maldito libro.

 

Aquella piel tan suave que cubría la pasta de ese misterioso libro era la misma piel de aquella meiga.

                                                                                Paco granados

EL JOVEN

EL JOVEN

EL JOVEN

María era una joven de veinte años que la vida no le había sonreído a pesar de su juventud. Tenía una hija de dos años fruto de una relación que no funcionó; aquel hombre la abandono al enterarse que se había quedado embarazada. María vivía sola con su hija. Estaba sin trabajo y su familia no quería saber nada de ella. Solamente se encargaban de ayudarla en todo lo que tenía que ver con su hija.

Marta era su vecina y le ayudaba en lo que podía llevándole comida y dejándole algo de dinero cuando se solía ver más apurada. Marta vio a María un poco abatida y le dijo que saliera esa noche a divertirse. Ella se quedaría con la niña y así se podría despejar un poco. Le costó trabajo decir que sí, pero al final aceptó y se arreglo para salir a despejarse un poco.

- Gracias Marta, me vendrá bien salir un poco.

Paseaba por el parque disfrutando de aquel fresco que recorría su cuerpo. La verdad es que apetecía salir después de un día duro de calor. Siguió andando y llegó a un estanque donde había peces; se puso a echarles de comer. Un muchacho se le acercó y empezaron hablar. Aquel joven tenía algo que a María le atraía. Tal vez sus ojos, su boca, su voz… Ella no sabía, pero sentía una gran atracción hacia él. Él la invitó a tomar una copa y María no supo decir que no. Ella aceptó y los dos salieron del parque.

A la mañana siguiente María despertó en su cama junto a su hija. Una sensación extraña tenía por todo su cuerpo. No se acordaba de nada de lo que pasó la noche anterior. Solo recordaba la mirada de aquel joven pero nada más. Bajó a desayunar, pero su estómago no digería aquella comida, sentía asco.

- Dios mío, qué habré bebido anoche.

Los rayos del sol empezaban a entrar por la pequeña ventana de su salón. Sintió como si se le quemaran los ojos. Rápidamente echó las cortinas, la cabeza le iba a reventar. Sentía frío, mucho frio; su piel estaba helada.

- Pero que me está pasando…

Subió al baño para darse una ducha a ver si se le pasaba aquel malestar. Mientras subía iba echando todas las cortinas. Parecía como si tuviera miedo a la claridad. Se asomó para ver como su hija Verónica dormía profundamente. Entró al baño para echarse agua en la cara y cuando se miró al espejo vio que no se veía reflejada en el. María empezó a asustarse. Buscó otro espejo que tenía en el tocador del dormitorio, lo miró pero tampoco podía verse. La angustia le estaba atrapando. De pronto su hija empezó a llorar, la cogió en brazos y la abrazó. De repente unas ganas tremendas de beber le vinieron al tener a su hija en brazos. Volvió a bajar a la cocina a por agua y cuando iba a beber apareció de la nada aquel joven que le dijo

- No María, el agua no te quitará esa sed que tienes.

María se sorprendió al verlo allí pues no entendía nada.

- Te vi amargada y te he ayudado. Ya no tienes que preocuparte de nada, ahora formas parte de mí María.

- ¿Qué me has hecho?

- Lo único que he hecho es ayudarte

- Ayudarme… ¿cómo? Me siento mal

- Poco a poco te sentirás bien y vivirás eternamente joven y feliz.

- ¡Estás loco! ¿Qué me has hecho?

Aquel joven le dijo a María que se tocara el cuello. María lo hizo y notó dos bultos pequeños.

- No, no puede ser ¿un vampiro? pero si no existen.

- Sí, si existimos y tú eres uno de nosotros. Pronto sentirás mucha sed. No podrás remediarlo y tendrás que beber. Coge a tú hija y bebe de ella, seréis eternamente felices. Ves hacia ella María, hazlo.

Mientras María gritando

- ¡¡Jamás!! sois unos monstruos, mi hija no, nunca lo haré.

- Tendrás que beber María, no tienes más remedio.

María volvió a gritar

- ¡¡JAMÁS!!

Agarró las cortinas del salón y las corrió entrando el sol de pronto. Al momento María y aquel muchacho quedaron calcinados.

La madre de María se hizo cargo de Verónica. Pasaron los años y Verónica siempre sentía el calor de su madre en aquellas noches oscuras.

                                                                                        Paco granados

LOBO

LOBO

 

 

LOBO

Nos encontrábamos en el bosque y me da la impresión de que nos hemos perdido. Estamos dando vueltas en círculo y siempre pasamos por el mismo lugar. Nuestros teléfonos no funcionan; unos lo tienen sin cobertura y otros sin batería. Empezamos a ponernos nerviosos pues no encontrábamos la salida. No sé cómo nos hemos podido despistar… Pero lo peor es que nos va a pillar la noche aquí en este bosque.

 

Somos tres amigos y estamos acostumbrados a andar por éstas zonas. Pero hoy no sé por qué   no dábamos con la salida. Hemos decidido volver a dar otra vuelta y si no encontramos la salida tendremos que acampar en el bosque.

 

Nada, imposible salir de aquí. Ya está oscureciendo. Es mejor parar y descansar para seguir mañana con la luz del sol. Hemos encontrado una cueva; Ahí nos refugiaremos del frío que está empezando hacer. Vamos a recoger ramas para poder hacer una hoguera. Mientras  buscamos tengo la sensación de que nos miran y nos vigilan… Una extraña sensación en mitad del bosque. Seguimos buscando ramas y mí sensación es cada vez más fuerte. Siento hasta un soplo de un aliento en mi nuca. Me giro, pero no consigo ver nada. No hay nadie. De pronto se oye el crujir de algunas ramas. Los tres nos miramos con miedo. No os asustéis, será algún conejo o algún zorro… Tranquilos (Es curioso, pues yo que tenía más miedo que cualquiera de mis amigos, aunque no cesaba en intentar tranquilizarlos).

Cogimos las ramas y nos dirigimos a la cueva. Las pisadas las seguíamos escuchando detrás nuestra. Íbamos cada vez más deprisa y las pisadas iban a la par. Hicimos un parón… Ahora no las escuchábamos. Eso nos empezaba a poner nerviosos. De repente empezó a llover. Aligeramos la marcha y las pisadas igual. Empezamos a correr hacia la cueva. Uno de nosotros se quedó atrás. Nos giramos a esperarlo… De pronto vimos como salía de entre los matorrales un gran lobo negro que se abalanzó sobre nuestro amigo destrozándolo de un mordisco. 

 

- ¡¡Dios mío!! Corred, corred. ¿De donde ha salido ese lobo? En este bosque nunca hubo. 

 

Corríamos llenos de pánico y terror. Lanzamos las ramas pues teníamos que salvarnos. A punto de llegar a la cueva, aquel lobo se lanzó encima de mi amigo y de un zarpazo le arrancó la cabeza. Yo no sabía qué hacer… Mientras el animal terminaba de comerse a mi amigo, yo intentaba esconderme entre los árboles. Estaba esperando a ver si se iba y podía escapar de el, rezaba para que se fuera, cerré mis ojos, al rato mire hacia donde estaba el lobo comiéndose a mí amigo pero ya no estaba, y cuando me disponía a levantarme para irme de allí, ahí estaba el lobo delante de mí… Mirándome… Sus ojos eran amarillos. Tenía unos dientes muy voluptuosos, llenos de sangre. Me olía una y otra vez. Mí miedo era cada vez más grande. Para mí sorpresa el lobo me olisqueó una vez más y salió corriendo, desapareciendo en el espesor del bosque. Yo anduve toda la noche buscando la salida y cuando ya la luz del día empezaba a despuntar vi a dos personas que se dirigían hacia mí llamándome.

 

- Eric, Eric. Hemos estado toda la noche buscándote. 

 

Eran mis padres que habían salido en nuestra búsqueda al ver que tardábamos. Preguntaron por mis amigos. Yo empecé a llorar… Al instante me desmallé.

 

Han pasado ya dos semanas de aquella terrible experiencia en el bosque. He estado ingresado en el hospital hasta hoy por un fuerte trauma a causa de ver como aquel lobo mataba a mis amigos. Estoy intentando asimilar todo lo ocurrido, aunque es difícil. Al menos ya estoy en casa. En mí salón tranquilo. Mirando fotos de mis aventuras con mis amigos. Otra vez vuelvo a  escuchar unos fuertes golpes en el dormitorio de mis padres. Le llamo para ver qué pasa, pero no responden. Me decido a subir, pero la puerta está cerrada con llave. Doy varios golpes para poder abrirla, pero no lo consigo. De pronto la puerta se abre. Mí madre está dentro y aquel terrible lobo se encontraba allí con ella. No hacía nada. El lobo me miró, me olió y se marchó por la ventana. No daba crédito a lo que vi. Mi madre solo emitía gritos hacia aquel lobo.

-  “No cariño no, otra vez no”.

¿Mi padre es un lobo?

¿Fue él quien mató a mis amigos en el bosque?

¿Seré yo como él?

                                                                                            Paco granados

Esta madrugada os dejo con este relato...

 

¡¡NO ESTOY MUERTA!!

Corría el año 1956. Laura era una mujer que alcanzaba la treintena. Se encontraba tumbada en su cama; pálida, inmóvil… Laura había muerto o eso parecía. Todos la velaban. Era una mujer muy querida en su barrio y su muerte fue inesperada. Su madre se encontraba destrozada… Era el único apoyo que tenía después de quedar viuda… Y ahora se había quedado sin “ella” y un dolor demasiado grande a soportar por cualquier madre.

 

Laura, aunque yacía en su cama escuchaba el murmullo que había a su alrededor. No sabía lo que le pasaba; veía a su madre llorar. Ella intentó hablarla, pero no la escuchaba. Estaba inmóvil no podía mover un solo músculo y sentía un gran frío por su cuerpo. Al cabo de un rato Laura vio entrar a dos hombres de traje negro que traían un ataúd; entregaron a su madre una esquela; Laura se fijo… En efecto, era la esquela de su fallecimiento. Se puso a gritar

 

- ¡¡No, no, noooo!!! yo no estoy muerta. ¡Mamá escúchame, estoy aquí!

 

Lo intentó unas cuentas veces pero nadie la escuchaba. Se puso muy nerviosa; pataleaba, pero era imposible su cuerpo no le respondía. De pronto aquellos dos hombres la cogieron y la metieron en aquel horrible ataúd. 

 

- ¡¡No, por favor, sacadme de aquí, yo no estoy muerta!!

 

Aquellos dos hombres siguieron con su trabajo.

 

- ¡¡Pero ¿Qué os pasa? Escuchadme… Estoy viva!!

 

La madre dio su consentimiento para tapar el ataúd, pero antes se acercó a Laura y la besó; Laura intentó abrazar a su madre, pero era inútil, no podía mover sus brazos; En ese mismo instante se cerró el ataúd. 

 

Ya en el cementerio se dispusieron a enterrarla. Laura gritaba y gritaba pero era inútil… Todo el mundo estaba ajeno a sus gritos; los sepultureros taparon su lápida que llevaba escrito su nombre. Laura ya había sido enterrada y todos se retiraban del cementerio entre lagrimas.

 

Laura seguía preguntándose por qué estaba allí metida en aquel nicho y dentro de aquel ataúd; por qué nadie la escuchaba. Ella intentaba moverse pero era inposible. De pronto sintió un calambre en la mano… ¡Podía moverla! poco a poco iba moviendo cada parte de su cuerpo. Comenzó a golpear el ataúd para poder abrirlo; estaba fuertemente apretado. Se estaba quedando sin aire… Tras mucha insistencias consiguió abrir una parte del ataúd y de una patada pudo abrirlo entero. El yeso de la lápida estaba aún fresco; con un solo golpe pudo romperlo y salir de aquel agujero. 

 

Laura se encontraba en mitad de la noche en aquel cementerio… Sola, aturdida y llena de miedo. Salió corriendo para salir de allí. Saltó la valla arañándose todo el cuerpo… Se dirigió a su casa.

 

Su madre se encontraba despierta rezando por el alma de su hija; de pronto sonó la puerta. La madre se levantó y al abrir la puerta no lo podía creer… Era su hija. Estaba allí llena de arañazos y su camisón blanco cubierto de sangre.

 

- ¡Mamá, no te asustes, soy yo. No estaba muerta solo perdí el conocimiento!

 

La madre al verla se derrumbó y cayó al suelo. Al día siguiente la que sí murió de verdad fue la madre de Laura.

                                                                                       Paco granados

The Orange Gas

THE ORANGE GAS

Allá por el año 2000 un grupo de investigación del ejército se disponía a hacer unas pruebas en un descampado a las afueras de la cuidad. Se trataba de un nuevo gas pero nadie sabía de su composición, ni de sus efectos. Bueno en realidad nadie menos su creador por supuesto. Un científico que ya portaba el medio siglo llamado Marc. Él seguía el experimento desde una webcam.

Los soldados empezaron a prepararlo todo para la prueba. Sacaron del maletero del coche una jeringuilla con un gas de color naranja. Las demás las dejaron sobre el capó del coche, mientras él otro sacaba a un perro de un segundo coche. Lo sujetaron con unas fuertes cadenas y lo ataron a una especie de plataforma de hierro que habían preparado. El SARGENTO TORRES se acercó al animal con aquella jeringuilla y la introdujo en su lomo. Marc observaba atentamente desde su laboratorio su reacción. El perro de repente se echó al suelo y convulsionando empezó a echar  espuma por la boca, era del mismo color que aquel gas. Marc se puso las manos en la cabeza, parecía que su investigación había sido un fracaso. Aquel animal estaba dando sus últimos alientos de vida. Esperaron un tiempo por si reaccionaba, pero aún así nada. Entonces el SARGENTO TORRES se dispuso a desatarlo y enterrarlo, y de pronto el perro abrió los ojos y se levantó, miró al SARGENTO y con una fuerza descomunal arrancó aquellas gruesas cadenas y se abalanzó sobre el SARGENTO matándolo de un mordisco en su cuello. Los demás soldados se dirigieron a los vehículos para sacar sus armas. Comenzaron a disparar pero parecía que las balas no tenían en efecto en aquel animal. Él los miraba con aquellos ojos llenos de odio que habían cambiado a color naranja… Uno  de los soldados desesperado decidió coger y lanzarle una granada.  La granada cayó dentro del coche donde todos se encontraban haciéndolo volar por los aires y rompiendo a su vez todas las jeringuillas de aquel gas que empezó a esparcirse por el aire. El perro desapareció de aquel escenario.

CENTRO DE INVESTIGACIÓN MILITAR

El capitán Vargas pregunto a Marc que había sucedido que porque el comportamiento del animal, Marc no podía darle explicación, el gas en un principio era para repeler los disparos a los soldados en caso de guerra, ósea un estilo a un chaleco antibalas, pero el comportamiento agresivo del perro no lo entiendo, dijo el investigador, el capitán algo nervioso dijo gritando, hay que atrapar a ese animal antes de que lie el caos en la cuidad, hay que acabar con él, Marc dijo que el gas era irreversible que los efectos no se le pasarían nunca y que se iba a poner manos a la obra para conseguir un antídoto contra aquel gas.

Mientras en aquel descampado y sin que el ejército se diera cuenta paseaba un grupo de amigos, ellos sabían que estaba prohibido entrar en aquella zona militar pero que al escuchar aquella explosión decidieron entrar a ver lo ocurrido. Eran jóvenes y algo curiosos… Se acercaron al lugar de la explosión y vieron los coches y los cuerpos de los soldados por allí esparcidos y sin ellos saberlo estaban respirando aquel gas. Uno de ellos dijo que tendrían que llamar a alguien para que supieran de aquel accidente, pero cuando se disponían a llamar a la policía vieron como numerosos coches militares se acercaron al lugar, ellos corrieron y se escondieron. De aquellos coches salían soldados vestidos con trajes especiales y mascaras anti gas en sus rostros, los chicos no sabían por qué tantas precauciones allí en medio del campo. Los soldados hicieron un gran agujero y quemaron los cuerpos en el para evitar que el gas saliera de aquel lugar sin saber que aquellos chicos ya habían estado expuestos a el. Cuando el ejército terminó de todo lo que tenían que hacer allí y se marcharon los jóvenes decidieron salir e irse cada uno a su casa. Aparentemente se veían normales, el gas parecía que aún no les había hecho efecto.

Martin, Lucas y Fred sintieron un cambio en sus cuerpos.  Al día siguiente Martin se levantó con mucho dolor de cabeza y mareos, se miró en el espejo del baño y vio como sus ojos cambiaban a color naranja intermitentemente; al cabo de una media hora se pasó el efecto.

Lucas al amanecer también experimentó un cambio en la mano. La tenía completamente naranja.

Fred quizás fue el que más respiró aquel gas y estaba más afectado… Se levantó con gran ira dentro de su cuerpo y los ojos tenían un color naranja intenso y mirada de odio. Bajó a desayunar donde le esperaban sus padres. Fred llevaba una gafas de sol puestas y su padre le preguntó ¿Qué hacía con ellas? él le dijo, nada me apetece tenerlas hoy. su padre le insistió en que se las quitase para desayunar y Fred con mucha rabia le empujó levantándolo un metro del suelo y golpeándolo con la puerta de la cocina con una fuerza inusual en él. Él chico miró a su madre de arriba abajo y salió corriendo de su casa y volvió al descampado donde inhaló aquel gas, era como si aquel sitio le atrajera. 

Tras cobijarse detrás de un árbol al lado de donde fue la explosión vio aparecer al perro del experimento, el animal se acercaba hacia él y lejos de que lo atacara como al sargento, el perro se le echó a su lado y empezó a lamerle la mano, Fred lo miró y en su rostro se le formó una sonrisa macabra.

Centro de investigación militar.

El doctor Marc seguía con su trabajo, pero los intentos que estaba haciendo con los pequeños roedores del laboratorio eran en vano no conseguía dar con la solución de aquel gas y poder acabar con el perro, de pronto en su laboratorio entró el Capitán Vargas algo nervioso.

Capitán Vargas: ¡¡doctor, doctor tiene que venir a ver esto corra!!

Marc: ¿Qué sucede capitán?

Se acercaron a los monitores que vigilaban la explanada de experimentos y vio el comportamiento que había tenido el perro con aquel joven llamado Fred.

Marc: es increíble, parece que ese chico puede controlarlo, hay que ir a por él.

Capitán Vargas: pero resulta raro después de ver como mató al sargento de un mordisco y el animal estaba descontrolado.

Marc: la verdad es que tiene razón capitán, no sé por qué del comportamiento de este chico.

El capitán mandó volver a ver las cintas de grabación del día del accidente y cuando las estaban repasando se dieron cuenta que estaban allí los tres chicos en aquel mismo instante, y que los tres estaban infectados por el gas naranja. El capitán ordenó ir a por los chicos y que los trajeran al centro militar.

Martin y Lucas se vieron en el mismo lugar donde siempre quedaban, esperaban a Fred, pero no llegó, Lucas le comentó a Martin lo que le pasaba, se quitó un guante de color negro que llevaba en la mano derecha y le dijo:

Lucas: mira lo que me pasó esta noche.

Martin: ¿tú también?

Lucas: a ti también te pasa lo mismo Martin.

Martin: no exactamente, a mi hay veces que los ojos parecen intermitentes, se va y viene un color igual al de tu mano.

Lucas: ¿por qué nos pasará esto?

Martin: creo que fue desde que vimos aquella explosión, no sé, pero desde entonces me siento raro y los ojos se me ponen así cuando me pongo nervioso, no sé por qué.

Los dos amigos decidieron ir a casa de Fred por si a él le pasaba también algo raro, pero al llegar a la casa vieron una ambulancia en la puerta y dos coches de la policía, Martin se dirigió a un policía y le preguntó:

Martin: ¿Qué ocurre agente?

Policía: nada, al parecer el hijo de la familia se volvió loco y pegó a su padre.

Martin y Lucas se quedaron mirándose algo extrañados Fred no era así, es más era el típico buen hijo, educado y que todos en la universidad se reían de él.

Martin: Lucas, esto no me gusta.

Lucas: ni a mí, no es normal.

Martin: tenemos que dar con él y que nos cuente lo que le pasa.

Los dos chicos se pusieron a buscar a Fred miraron por todos los sitios donde ellos solían ir pero sin encontrarlo, decidieron pasar por el descampado militar por si estuviera allí, después de un rato mirando por el lugar al fin lo vieron, empezaron a llamarle pero Fred no hacía caso a su llamada, se acercaron mas a él y el perro empezó a gruñirles, Fred con solo un movimiento de mano tranquilizó al animal que se tumbó a su lado, Fred había cambiado, su rostro era distinto, su cuerpo mas corpulento, brazos fuertes, parecía que se hubiera machacado en el gimnasio durante años, los dos amigos se quedaron extrañados por el cambio de su amigo, Lucas intento tocarlo pero Fred le dio un golpe que lo lanzo por los aires, entonces Martin le dijo:

Martin: ¿pero qué te pasa te has vuelto loco?

Fred: ¡¡no, esto es increíble, mira mi fuerza, soy poderoso!!

Martin: pero necesitamos ayuda, esto no es bueno.

Fred: jamás, siempre he sido el hazme reír de todos, ahora nadie se reirá mas de mi.

Fred ordeno al perro que atacara a sus amigos y mientras él se marcho, el animal intento morder a Lucas pero este se levanto corriendo y consiguió subir a un árbol para protegerse, entonces el perro fue en busca de Martin que si pudo atraparlo, Martin empezó a ponerse nervioso y se defendió del ataque del perro, sus ojos empezaron a parpadear y todo su cuerpo también, el perro le mordía pero no le hacía efecto a Martin, entonces Martin cogió un hierro y atravesó al perro por la mitad matándolo, Lucas no podía creer lo que vio, se bajo con miedo del árbol temía que Martin le golpeara como Fred, pero Martin lo miro y cayó al suelo sin conocimiento, Lucas se acerco y vio como unos coches se acercaban allí, lo cogió y se escondieron en una pequeña cueva para no ser vistos por los militares.

Mientras Martín y Lucas esperaban a que los soldados se fueran de allí para poder salir, Fred se encontraba en la ciudad sembrando el pánico, cada vez estaba más fuerte y más furioso, su maldad no conocía limites sentía un gran odio por la humanidad y mataba a todos los que se encontraba en su camino, se estaba convirtiendo en un ser sin escrúpulos ni sentimientos, sin importarle a quien se llevaba por delante.

Fred entro en un centro comercial cargado de gente, allí empezó a matar a toda la gente que se encontraba, la seguridad del centro no podían con él, uno de los guardias llamo a la policía para que fueran a ayudarle y estos a su vez dieron alerta al ejercito que en menos de veinte minutos ya tenían rodeado el centro comercial, no podían con Fred, el seguía con la matanza, disfrutaba con ello, aquel gas lo convirtió en un monstruo.

Martin y Lucas al fin pudieron salir de aquella cueva, los soldados acudieron a la llamada del centro comercial, los dos amigos se acercaron a la ciudad y no podían creer lo que sus ojos les mostraban, había cadáveres por todos lados, Lucas salió corriendo hacia su casa para ver a sus padres y los encontró a los dos muertos, Lucas entro en estado de nervios, Martín intento tranquilizarlo pero fue inútil, Lucas salió corriendo de allí y al salir de su casa fue cogido por los soldados e inmediatamente fue llevado al centro de investigación para hacerle pruebas, mientras Martín, al ver que su amigo fue apresado salió por la puerta de atrás, llego a su casa y vio la misma imagen que en casa de Lucas, sus padres y hermano yacían muertos en el salón con una nota que decía, “ ven a por mí si te atreves” firmado, Fred.

Martin no podía creer la maldad de Fred, y delante de los cuerpos sin vida de su familia juro vengarles.

Mientras en el centro comercial Fred seguía matando personas, cuando por el tejado empezaron a descender una veintena de soldados bien preparados para poder reducirlo, y tras una larga pelea y algún que otro soldado caído consiguieron detener a Fred con dardos tranquilizantes, los soldados se quedaron sin aliento cuando vieron que necesitaron casi cincuenta dardos para poder atraparlo, le pusieron unas cadenas echas de un material irrompible y lo llevaron al centro de investigación.

Centro de investigación:

Allí seguía Marc intentando conseguir el antídoto contra aquel mal que le acechaba a Fred, pero aun no lo tenia del todo, aunque le quedaba poco para conseguirlo, de pronto entro el capitán Vargas para decirle que tenia a los dos chicos atrapados, fantástico dijo Marc enseguida voy capitán, Marc antes de salir probo su antídoto en un roedor del laboratorio para ver su reacción, pero aquel roedor murió en pocos segundos.

Marc se acerco hacia donde estaban Lucas y Fred para poder examinarlos, los dos estaban en una especie de jaulas especiales para evitar que huyeran de allí, primero examino a Lucas , miro sus pupilas y le saco sangre, volvió al laboratorio para analizarlo pero no encontró ninguna solución, pero cuando se puso a analizar la sangre de Fred no podía creer lo que vio, su sangre era completamente naranja y aquella sangre tenía mucha energía, entonces Marc tubo una idea y se puso de nuevo con el antídoto, volvió a probar con otro roedor infectado con aquel gas y pareció que resulto al roedor se le fue pasando el efecto del gas y su sangre se puso totalmente roja, Marc salió corriendo en busca del capitán Vargas para decirle su logro, el capitán se alegro y los dos fueron a ver al roedor y estaba en perfecto estado, entonces el capitán ordeno que inyectaran a Fred y Lucas con aquel antídoto, Marc preparo las jeringuillas y fue en busca de los dos chicos, mientras el roedor parecía como si le dieran convulsiones hasta que murió sin que el científico se diera cuenta, pero de repente aquel roedor volvió a la vida pero volvió cambiado y muy agresivo.

Marc ya había inyectado a los dos chicos y ordeno a los soldados que los metieran a cada uno en una habitación de las instalaciones que ya no había problemas, pero a las dos horas siguientes encontraron a los dos chicos muertos, los soldados dieron el aviso al capitán y al científico estos dos no se lo podían creer, Marc dijo, eso no puede ser el roedor está vivo, entonces se acerco a la jaula y vio al pequeño ratón como correteaba por ella, pero cuando intento meter la mano para cogerlo este solo quería morderle con rabia.

El capitán ordeno que enterraran a los dos chicos pero cuando los soldados fueron a por ellos no estaban en las camillas, miraron dentro de la habitación no los veían, cuando de repente uno de ellos miro hacia arriba y colgado del techo estaba Fred que se abalanzo sobre el soldado devorándolo, los otros soldados intentaron disparar a Fred pero entonces Lucas se abalanzo sobre ellos mordiéndoles y  matándolos, Fred y Lucas se habían convertido en zombis.

Necesitaban alimentarse de carne humana, estaban hambrientos, se dirigieron hacia el laboratorio donde se encontraban Marc y el capitán Vargas los cuales corrieron la misma suerte que los soldados y fueron matados por Lucas y Fred.

Fred y Lucas debido a aquel gas que respiraron y que le dio aquel extraño poder cuando estaban vivos, ahora muertos podían convertir a todo aquel que ellos quisieran en zombis, Fred era el más fuerte y a pesar de ser un zombi podía pensar, Lucas al contrario solo le movía las ganas de matar y comer, su hambre era insaciable él quería comerse a aquellos dos hombres pero Fred lo paro y se acerco a los cadáveres del científico y el capitán, entonces Fred le echo su aliento, de su boca salía un humo naranja que se metía por la nariz de los cadáveres de aquellos dos hombres que en poco minutos se levantaron del suelo convertidos en zombis, Fred tenia el poder de convertir a los muertos en zombis y su intención era convertir a todo el mundo posible para que no quedase ningún humano vivo.

Martin se encontraba solo y en una ciudad llena de zombis, intentó ponerse en contacto con alguien por teléfono pero era inútil, Fred se había encargado de cortar todas las líneas, no había forma de comunicarse con el exterior de aquella ciudad que estaba completamente inmersa en un caos, Martín decidió buscar a Fred y acabar con el de una vez por todas, pero en su camino no hacía nada más que encontrarse con zombis por todos lados, parecía imposible encontrar a Fred. Martín entró en una gran nave para poder esconderse de ellos y descansar algo de tanta lucha, pero aquella nave estaba llena de cadáveres que le faltaban partes del cuerpo, vio a uno de los zombis comiéndose un cadáver Martín se acercó con sigilo para acabar con él pero cuando estaba punto de matarlo éste se giró y Martín se quedó inmóvil era su amigo Lucas, pero Lucas ya no era él, Lucas solo quería comer carne y se le abalanzó sobre Martín, éste se defendió no quería matarlo, así que lo redujo y lo ató fuertemente a una columna de hierro que allí había. Martín estaba convencido que si mataba a Fred todos los zombis volverían a la normalidad. Martín se fijó en que Lucas tenia una bata puesta del centro de investigación militar y pensó que allí estaría Fred y se puso en marcha.

Centro de investigación militar.

El recinto estaba lleno de zombis por todos lados. Martín estaba enojado muy enojado y su cuerpo estaba completamente naranja, como pudo despisto a los zombis y entró dentro de las instalaciones, fue al laboratorio y allí estaba Fred sentado en un sillón, lo miró, rió y le dijo: 

Fred: has tardado en venir, te esperaba.

Martin: aquí estoy yo voy a acabar contigo.

Fred volvió a reír y golpeo fuertemente a Martín lanzándolo por los aires.

Fred: antes de acabar conmigo tendrás que acabar con ellos.

Fred abrió una jaula que tenía en el laboratorio y salieron dos zombis, eran el padre y el hermano de Martín, ellos se fueron en busca de él con la única intención de devorarlo, estaban hambrientos, Martín no podía matarlos eran su familia, tras defenderse una y otra vez de los ataques de su hermano y padre Fred dijo:

Fred: bueno ya está bien ya me divertí.

Entonces Fred cogió a los dos zombis y les arranco la cabeza acabando con ellos, Martín gritó no no noooooo, y se enzarzó con Fred en una pelea brutal, los dos se intercambiaban golpe tras golpe pero ninguno podía acabar con el otro, el laboratorio estaba destrozado entonces Martín vio como un cable de alta tensión pegaba latigazos debido a la electricidad, consiguió llegar hasta él y en un descuido de Fred se lo colocó alrededor del cuello, Martín apretó con todas sus fuerzas, cada vez su cuerpo estaba más naranja, hasta que la cabeza de Fred voló por los aires acabando con él.

Martin había acabado con Fred pero no pudo salvar a su familia, en cambio había salvado a la mayoría de la ciudad que habían vuelto a la normalidad, ya no quedaban zombis y nadie se acordaba de lo sucedido, solo Martín sabia todo lo que pasó.

Martin decidió abandonar aquella ciudad. Él sigue teniendo sus poderes y su objetivo es combatir todo el mal del mundo.

                                                                                        Escritor: Paco granados

INOCENTE

INOCENTE

INOCENTE
Llegué a casa, había sido un día duro en el trabajo. Mi profesión era abogado; tenía un pequeño gabinete en la ciudad. Como todos los días me dirigí a los juzgados; el juicio de hoy no salió como esperaba. Mi defendido fue declarado culpable por el tribunal. Yo tenía mucha confianza en él. Hice lo que pude pero no fue suficiente.

Carlos, mi cliente, no pudo más y totalmente derrumbado gritaba con fuerza que era inocente, mientras se lo llevaban a los calabozos. Allí pasaría los próximos diez años; su delito, un robo violento a mano armada. Yo siempre supe de su inocencia, mi intuición me lo decía.

Me disponía a darme un baño para poder relajarme un poco de este día tan duro. Abrí mi armario y cogí ropa para ponerme cómodo. Al darme la vuelta me pareció ver que en la colcha de la cama estaba arrugaba, como si alguien se hubiera sentado en ella. Me resultó raro, pero pensé que habría sido mí perro. Podría ser que se hubiera tumbado sobre ella… Aunque él no solía subirse a la cama. Yo continúe con lo mío.

Entré al baño y me dispuse a quitarme la ropa. Al mismo tiempo que me desnudaba noté una brisa fría que hizo que se me erizara el pelo.

- ¡Qué frio hace hoy!

Al terminar de ducharme el cristal estaba empañado por el vapor del agua; algo muy normal. Lo extraño fue que sobre el cristal parecían haberse formado varias letras. No se podía leer bien; solo una i. Esa si sé veía claramente.

- ¡Qué detalle más curioso! pensé sin darle mayor importancia.

Me dirigí al salón y me puse una vaso de whisky. Mientras me lo servía noté como si alguien detrás de mí echara su aliento frío sobre mí nuca. Rápidamente me giré, pero no vi nada. De pronto mi perro se quedó mirando fijamente a las escaleras… Sus ojos no parpadeaban. Lo llamé pero no hacia caso alguno. Por un momento vi como iba metiendo su rabo entre las piernas y se escondía debajo la mesa. Intenté sacarlo de allí para tranquilizarlo, pues se veía muy asustado, no sé por qué. Se resistía a que me acercase hacia él, solo rugía. Algo raro en él. No entendía que pudo haber visto que hiciera que se hubiese asustado de esa manera.

Un sonido me alarma. Es el móvil; un mensaje que no tenía destinatario reconocido. Abrí el mensaje pero solamente ponía una palabra.

- “Inocente, inocente”

Pensé que sería de algún familiar de Carlos indignado por la sentencia. Decidí encender el ordenador para ver mis correos. Cuando abrí el correo la misma palabra del mensaje que recibí en mí teléfono inundaba toda la pantalla.

- “inocente, inocente”
- “Esto ya no suena nada bien”

El mensaje del teléfono podría haber sido cualquier familiar de Carlos, pero y el ordenador… De pronto sonó el timbre de la puerta. Miré mí reloj; eran las once de la noche. Algo tarde para recibir una visita. Me acerqué a la puerta. Una vez más volví a sentir ese frío que hizo que se erizara todo mí pelo en el baño. Era Carlos.

- “¡Carlos por dios!” “¿Qué haces aquí, te has escapado?”
- “No”
- “¡Cómo que no, si tú condena era de diez años!
- “Me han dejado despedirme de mí familia”
Yo lo miré pensativo. Eso no podía ser.
- “Solo vine a decirte que soy inocente”

Se marchó rápidamente. Me dispuse a llamar a la prisión donde se suponía que debería estar Carlos cumpliendo condena. Iba a avisar de que se había fugado. Pero antes de descolgar recibí una llamada del Centro Penitenciario.

- “¿Señor García?”
- “ Sí, dígame”
- “Le llamábamos para comunicarle que su cliente Carlos Álvarez hoy a las cinco de la tarde ha sido encontrado sin vida en su "celda".
Paco granados

EL PADRE DE MARIA

 

                              EL PADRE DE MARIA

 

Como cada mañana la madre superiora se disponía a abrir las puertas del orfanato. En la puerta había una cesta y algo moviéndose dentro. Ella se acercó. Una niña de apenas unos seis meses de vida asomaba por ella. La monja cogió al bebé y lo acurrucó entre sus brazos. Entró hacia adentro para enseñársela a las demás monjas; la niña era preciosa. Una pequeña de ojos verdes y pelo negro con una sonrisa angelical.
Le pusieron de nombre María.

 

Pasaron los años y la niña seguía en el orfanato. Ninguna familia se había fijado en ella; solo unos padres que estaban interesados… Cuando lo tenían todo preparado para su adopción tuvieron un accidente y el matrimonio murió; Entonces María disipó su ilusión y tuvo que aceptar que no era su momento.

 

María celebraba su décimo cumpleaños y como era costumbre las monjas le habían preparado unos dulces con chocolate para celebrarlo.

 

En la celebración María tuvo una pelea con otra interna y clavó su tenedor en la mano de su compañera. Las monjas corrieron rápidamente a separarlas:

 

- “quietas, quietas” gritaban las monjas.

 

Nunca habían visto a María de esa forma tan violenta.

 

- “que ha pasado María” preguntó la madre superiora.
- “se ha metido con mi familia” contestó María.

 

La Madre Superiora cogió a María.

 

- “María, la única familia que tienes somos nosotras” no, no, no… Mí padre va a venir a recogerme.

 

María se echó a llorar. Mientras, otra de las monjas hablaba con la otra niñas.

 

- “¿Qué le has dicho cielo?” Nada madre. El diablo es malo, solo eso.

 

Las monjas decidieron castigar a María por agredir a su compañera. El castigo consistía en pasar una noche en una celda; ella sola.
María lejos de llorar y suplicar a las monjas que no la metieran allí, reía. Se veía contenta. Qué raro, si ninguna niña quiere estar aquí; murmuraron las monjas.

 

Ya se disponían a apagar las luces para dormir y María cantaba en su celda. La oscuridad se apoderó de aquel convento; cuando de pronto unos chillidos rompieron el silencio de la noche. Provenían de la habitación de las niñas; las monjas acudieron rápidamente a ver lo que pasaba.

 

- “¿Qué os pasa niñas?” corra madre es Elisabeth no respira.

 

La monja se acerco a la cama de la niña y allí estaba ella. Blanca e inmóvil; tenía los ojos abiertos pero sin pupila. También tenía un cardenal negro sobre su cuello. Elisabeth había muerto.
A la mañana siguiente fueron a sacar a María de la celda y decirle que su compañera con la que tuvo la pelea había fallecido. Momentos antes que la Madre Superiora le comunicara la noticia, María le preguntó.

 

- “Elisabeth como está”

 

La monja se preguntaba como la niña lo podía saber. Pues María estuvo encerrada toda la noche y no pudo escuchar nada. María con media sonrisa en su cara apuntó.

 

- “Si madre, lo sé. Mi padre me lo comunicó”
- “¿Tú padre, quién es tu padre?”
Preguntó la monja.
- “me ha dicho que no diga nada aún”.

 

La madre se asustó mucho, pues no entendía la actitud de María y tampoco quien era su padre. María llevaba allí desde los seis meses y no conocía a su familia. Tampoco era sabedora de lo sucedido con Elisabeth.
Desde aquel día María no era la misma. Las compañeras comentaban entre ellas que la veían de noche paseándose por la habitación cantando, y que por supuesto no dormía. María había cambiado.

 

Una noche mientras la Madre Superiora cogía el sueño, María apareció en su cuarto. La madre despertó; no se esperaba allí a nadie.

 

- “Uy María, me has asustado; ¿Qué quieres cielo?”
- “Nada madre, solo venía a despedirme. Me voy con mi padre. “¿Tú padre, ya estamos otra vez maría? Tú no tienes padre tesoro.

 

María se enfadó al escuchar decir que no tenía padre. Empezó a tirar todo lo que había en el cuarto, hasta que llegó al crucifijo que había en la pared. Con una voz que parecía no pertenecerle exclamó:
- “Éste es el que castigó a mi padre y ahora yo castigaré a todos sus hijos”
La monja al oír aquella voz exclamó.

 

- “¡Dios mío! ¿Eres tú María?”, “Soy la hija de mi padre” pronunció María.

 

A la mañana siguiente se dispusieron a llamar a la Madre Superiora. Cuando entraron en la habitación no daban crédito a lo que veían. La Madre estaba clavada en la pared, crucificada y boca abajo; Le había sacado los ojos y en su cuerpo se podía leer.

 

- “He venido a por mí hija”.

 

María desde aquel día no apareció.

 

Se cuenta que en todos los orfanatos y conventos hay sucesos extraños.

 

- “¿Estarán María y su padre vengándose de todos los creyentes?”.